Mujeres del Naya, empoderamiento y liderazgo

Entre manglares y esteros; oro y carbón; bananos y cañas; canoas y atarrayas; sobre un imponente río Naya, habita un pueblo fuerte, con profundas cicatrices y mucha historia. Esta fuerza, no sólo es heredada de sus antepasados, quienes llegaron huyendo de la esclavitud durante el siglo XIX, si no que sigue viva. Este enclave conforma uno de los lugares más bellos, pero también más olvidados y más castigados por el conflicto armado del pacífico colombiano.

“Mujeres sembrando futuro.” Bajo este poderoso lema hecho nombre, un grupo de mujeres de la cuenca del río Naya, en el Valle del Cauca, deciden organizarse en 2009 para conseguir independencia respecto a los hombres y una mayor presencia en la comunidad. Comienzan trabajando en la siembra de productos de la zona, en avicultura y medicina tradicional, pero pronto abandonan su actividad debido a las amenazas por parte de algunos varones. Sin embargo, deciden no rendirse y al año siguiente vuelven a unirse fundando la actual asociación de mujeres AINI, orientada a la creación de una escuela de liderazgo. “Por la historia del Naya, las mujeres siempre han sido líderes, pero únicamente dentro del hogar, por eso comenzamos a recibir capacitación de inclusión y participación de género y AINI empezó a crecer y definir distintas líneas de acción”, cuenta Yuli Patricia Valencia Rodallega, vicepresidenta de AINI.

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Una de las líneas más importantes es la de emprendimiento, ya que existe una gran escasez de empleo y ningún proyecto de mercado definido entre las 64 comunidades que conforman el Naya. En este sentido, y con el apoyo de Alianza por la Solidaridad y la financiación de la Unión Europea, han conseguido mecanizar la producción de harina y de papachina, producto autóctono de la zona. Además, trabajan para fortalecer sus capacidades mediante talleres de formación para la preparación y distribución de pan elaborado con este ingrediente, con la intención de crecer y crear un mercado exterior sostenible que de empleo estable a las mujeres nayeras.

Yuli afirma, orgullosa, que actualmente reciben mucho apoyo de los hombres de la comunidad e incluso cuentan con una línea de jardineros dentro de la asociación. “Hubo que luchar mucho porque al principio pensaban que nuestra iniciativa era una venganza contra los hombres, y que lo que queríamos era poner a sus esposas en contra de ellos. Yo les decía: ¿a usted no le gustaría que su mujer aportara al funcionamiento del hogar, a la formación de sus hijos, que saque tiempo para ella, que conozca? Les invité a nuestras reuniones y ahí dijeron: queremos ser parte de AINI. ¿Quién iba a creer que hombres tan machistas ahora nos estén apoyando? Eso, para nosotras, es una gran satisfacción”.

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