El reparto de vacunas contra la COVID-19 no llega a la población palestina

Mientras Israel se ha situado como el líder mundial de vacunación contra el coronavirus, superando ya el 40% el porcentaje de población que ha recibido la primera dosis, la población del Territorio Ocupado Palestino no está recibiendo las vacunas COVID-19. Una distribución que es responsabilidad del Gobierno israelí, tal como se define en la IV Convención de Ginebra, que obliga a Israel, como potencia ocupante, a prestar servicios médicos a la población que vive bajo ocupación.

Esta discriminación vulnera los derechos humanos fundamentales y las convenciones internacionales de derechos humanos, al poner en riesgo la vida de las familias palestinas. Mientras, los colonos israelíes, que ocupan sus territorios, están recibiendo las primeras dosis de la inmunización a un ritmo acelerado.

  • A 4,5 millones de palestinos y palestinas en Cisjordania y Gaza se les niega el acceso a las vacunas Covid-19.
  • Más del 44 por ciento de la población de Israel (4,07 millones de personas) ha recibido una primera dosis de la vacuna y otro 29 por ciento (2,67 millones de personas) ha completado la segunda dosis.
  • Los israelíes que residen en asentamientos – erigidos en Cisjordania en contra de las normas fundamentales del Derecho Internacional Humanitario – han tenido acceso a las vacunas, a diferencia de las comunidades palestinas adyacentes que están bajo el control directo del ejército israelí.

La situación de la Covid-19 en Palestina

Los últimos informes y estadísticas del Ministerio de Salud palestino indican que el número de personas que han dado positivo en los tests de COVID-19 son ya de 48.626, de los cuales 5.948 casos están activos a la hora de recabar esta información para una población de unos cinco millones de habitantes. Sin embargo, resulta difícil estimar con precisión la tasa de mortalidad y de contagio. La capacidad de la Autoridad Palestina para realizar analíticas y pruebas está muy comprometida. Además, es una población muy joven en la que puede haber un alto número de asintomáticos.

Ante esta desesperada situación y la falta de perspectivas en la vacunación de la población palestina, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional, y más en concreto a la Comisión Europea y al Gobierno español, para que conminen al Gobierno israelí a respetar el marco legal internacional. Es necesario comenzar la inmediata vacunación de la población palestina, siguiendo unos criterios los equitativos de reparto que cumplan los derechos humanos fundamentales y se basen en criterios que atiendan a la vulnerabilidad de las personas y no a su origen.

La Franja de Gaza, aún más afectada

La situación es extremadamente preocupante en la Franja de Gaza. UHWC, AISHA, Culture of Free Thought (CFTA) y otras organizaciones locales socias se esfuerzan en limitar la propagación de la pandemia y aliviar el sufrimiento a las personas, donde los centros hospitalarios y de atención primaria sufren graves deficiencias en suministros fundamentales.

Durante la pandemia de COVID-19 en la Franja de Gaza, UHWC está destinando todas sus capacidades para limitar la propagación de la pandemia, además de aliviar el sufrimiento de las personas. Desde agosto de 2020 sus servicios sanitarios han realizado 48.733 atenciones, de las cuales se registraron un total de 2.620 casos positivos confirmados de COVID-19.

También AISHA ha atendido a más de 10.000 personas afectadas por coronavirus en los últimos tres meses. Sus responsables señalan las dificultades a las que se enfrentan cada día: restricciones de movimientos, el riesgo de contagio y las dificultades para comunicar con las familias y las personas afectadas, que no siempre hablan abiertamente de los síntomas.

Apoyados por Alianza por la Solidaridad-Action Aid, y gracias a fondos de la AECID y la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional al Desarrollo (AACID),  atienden a las personas afectadas. Se coordinan las visitas a domicilio para personas que deben estar aisladas, se hace seguimiento médico, se distribuyen equipos de protección personal, y se realizan servicios de información y sensibilización.

Los testimonios dan cuenta de la difícil situación

Hassan, es enfermero y trabaja para la UHWC en la franja de Gaza en el programa de visitas domiciliarias para personas en aislamiento, señala que

“Las familias palestinas sufren graves presiones psicológicas derivadas de su interacción con los pacientes. En algunas viviendas hay hasta seis integrantes conviviendo en una habitación de una casa vieja y en ruinas. Un hacinamiento que ha provocado la infección de todos los miembros de la familia”.

Por su parte, Alaa, también sanitario, explica que se siente “muy asustado y ansioso” mientras atiende a los pacientes de COVID-19, especialmente al notar los severos síntomas y el sufrimiento que padecen, las mujeres en particular.

Por su parte, la psicóloga Ruwaida menciona el aumento en el número de mujeres que reclaman servicios de apoyo psicológico. Al incremento de la violencia intrafamiliar, además se une la presencia de nuevos patrones de esta violencia dirigida a mujeres y niñas dentro de la familia.

Los retos a los que se enfrenta el personal sanitario en Palestina son múltiples. Muchos de los miembros de los equipos de trabajo de primera línea se infectaron con COVID-19. Además, han disminuido drásticamente los ingresos debido a los cierres parciales y totales impuestos por las autoridades locales para limitar la propagación de la pandemia. A lo que se añade la escasez de los equipos de protección personal necesarios para proteger al personal y a las personas que visitan las instalaciones de UHWC.

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