La desgarradora decisión de Kateryna

Ya es difícil imaginarse cómo es vivir pendientes de las sirenas, echar a correr hacia un sótano cada vez que suenan. Más complicado aún, casi imposible, es pensar cómo hacerlo si la bajada el lugar seguro es con una silla de ruedas.

Cuidados especiales en tiempos de guerra

A Kateryna le tocaba hacerlo, junto a su hija Liliya, tres veces cada día. La joven de 14 años tiene una parálisis cerebral severa que le impide moverse con autonomía, depende de su madre para todo. Necesita cuidados especiales, que se convierten en una hazaña en tiempos de guerra.

No había otra salida que huir de Ucrania y buscar refugio en un país vecino. Pero la decisión, para esta mujer de 52 años, fue desgarradora: tiene otros cuatro hijos, todos mayores de 20, de los que no quería separarse.

“Fueron ellos quienes me pidieron que me fuera con Liliya”, explica.

En Ucrania, la ayuda que podía recibir era ya muy poca, las prioridades han cambiado, y era demasiado cara, no se la podían permitir.

Ya no suenan las sirenas

Tomaron el camino hacia Polonia con otra mujer, Inna, que se dedica a acompañar a madres de niños con discapacidades. Ya no suenan las sirenas y ahora Kateryna y Liliya esperan poder trasladarse pronto a un centro de rehabilitación de la organización Paso a Paso en Polonia.

 

Riesgo de abandono

En Ucrania hay 2,7 millones de personas con discapacidad registradas, de acuerdo al European Disability Forum. Su situación es especialmente grave en estos momentos. Muchos de los refugios no son accesibles para estas personas, por lo que se ven obligadas a quedarse en casa, sin poder ponerse a salvo de las bombas.

Las personas con discapacidad que viven en instituciones sufren además los cortes de luz, agua y restricciones de alimentos. Corren el riesgo de ser abandonadas y olvidadas.

 

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