El mundo sigue viviendo… excepto Gaza

El mundo ha seguido girando, pero en Gaza el tiempo se detuvo hace dos años. Entre los escombros, bajo tiendas improvisadas, entre la arena y el humo, millones de personas han aprendido a vivir con la muerte a su alrededor. Las bombas no solo han destruido hogares, también hospitales, escuelas, calles… y sueños. Y, aun así, el mundo ha seguido callado. Pero Gaza, no está sola. 

Incluso en medio del horror, hay quienes siguen resistiendo. Quienes comparten el pan, quienes aún creen en la vida, quienes aún llaman a la justicia.

Porque Gaza no solo es dolor: también es dignidad, memoria y resistencia.

  • Es Faten, que sigue cuidando a madres y niños aunque haya tenido que huir diez veces.
  • Es Tasneem, que logró salir, pero sigue contando lo que vivió para que nadie pueda decir que no sabía.
  • Es Alaa, que coordina la respuesta humanitaria de ActionAid entre ruinas, sin dejar de creer en la vida.

Gaza no está sola, recibe el apoyo de mujeres y organizaciones que continúan trabajando sin descanso.

El silencio del mundo ha sido devastador

“Cada día parece el juicio final”, dice Faten Abu Shamaleh, coordinadora de Wefaq que apoyan a madres e hijos. Faten ha sido forzada a desplazarse más de diez veces junto a sus hijos. En una de esas huidas, la tienda donde se refugiaban fue bombardeada. Sobrevivió, pero su esposo fue capturado ante sus ojos. Desde entonces, la vida se ha vuelto un movimiento constante: de un refugio a otro, de la pérdida a la esperanza frágil que aún conserva.

“Lo más duro no es el miedo, es la impotencia”, dice Faten. “Cuando veo a los niños sin zapatos, temblando de frío, y no puedo hacer nada, siento que el dolor me parte en dos. El silencio del mundo ha sido devastador.”

Ese silencio pesa tanto como las bombas. Pesa sobre las madres que entierran a sus hijos, sobre los médicos que operan sin luz, sin anestesia, sobre los niños que aprenden a reconocer el sonido de los drones antes que el del mar. A pesar de ello Faten sigue al frente de la organización apoyando a quien lo necesita.

La distancia de Gaza no ha traído alivio

Tasneem Al-Iwili, joven estudiante y ex trabajadora humanitaria, ha logrado salir de Gaza tras dos años de genocidio, pero la distancia no ha traído alivio, sino un corazón roto. “Me sentí devastada cuando crucé la frontera y vi que el mundo sigue viviendo, excepto Gaza”, cuenta.

“Lloré al ver niños yendo a la escuela, mientras los de Gaza no tienen techo, ni aulas, ni agua. Lloré al ver hospitales llenos de medicinas, mientras los enfermos en Gaza mueren porque no hay nada. Dos años de promesas vacías han demostrado que las leyes humanitarias no significan nada cuando se ponen a prueba.”

Tasneem intenta reconstruir su vida lejos de su familia, pero el horror vivido la acompaña cada día. “Dejé Gaza, pero Gaza nunca me ha dejado a mí”, dice. “Dos años han consumido nuestras almas. ¿Cuántas más deberán perderse antes de que el mundo decida detener la matanza?”

Gaza, no estás sola

Más de 65 000 vidas perdidas, la mayoría mujeres y niños.
Cientos de miles de personas heridas, miles con amputaciones, familias rotas, generaciones que crecerán entre ruinas y cicatrices.

Dos años después, seguimos acompañando al pueblo palestino. A pesar del cansancio y las condiciones nuestras compañeras y compañeros siguen brindando un apoyo esencial.

“Las familias son desplazadas una y otra vez, obligadas a dormir en tiendas o al aire libre, sin una sola zona segura. El agua limpia es escasa, las enfermedades se propagan y los niños crecen sin dignidad ni privacidad. Dos años de guerra también significan silencio por parte del mundo, un silencio que ha permitido que la matanza y el sufrimiento continúen.

Y, sin embargo, a pesar de todo, nuestra gente sigue aferrándose a la dignidad, sigue apoyándose mutuamente y sigue esperando volver a vivir.” Alaa Abu Samra, responsable del Programa de Respuesta de Emergencia de ActionAid.

No podemos seguir viviendo como si Gaza no existiera.