Joanna, ayuda al volante

Lo que más impresiona a Joanna es lo poco que traen consigo las personas refugiadas. Llegan a Polonia con lo que cabe en una pequeña mochila escolar, como si no quisieran huir, como si esperaran volver a Ucrania lo antes posible, cuenta esta voluntaria de Polish Humanitarian Action (PAH).

Necesitarían su ayuda

Joanna se vino desde Irlanda, donde vive hace años, a Polonia, su país de origen. No podía ver la llegada de personas refugiadas por televisión. Sentía que se volvería loca si no hacía algo. Se lo contó a sus amigos y amigas, que reunieron dinero para ayudarle a costear el viaje y pidió un permiso sin sueldo en el trabajo.

Al llegar a Polonia, condujo a lo largo de la frontera con Ucrania hasta llegar a Zosin, un pequeño puesto donde “no hay nada, solo campo”, según ella misma describe. Pensó que en un lugar así necesitarían su ayuda. Y así fue. Ahora se dedica a lo que haga falta, sobre todo, a transportar a mujeres, niñas y niños ucranianos.

Como madre, sé que haría cualquier cosa para proteger a mis niños”, explica Joanna, que celebró su 44º cumpleaños ayudando a otras mujeres y sus familias.

Nueva vida sin ancla

Le cuesta imaginarse cómo es emprender una nueva vida “sin ningún ancla”. Cuando ella decidió emigrar, sabía que podría regresar si las cosas no salían bien, pero las personas refugiadas no tienen esa posibilidad, no hay manera de volver atrás.

Hace tres días trasladé a una mujer con su hija mayor y con un niño de cuatro años y medio” que iban a ser acogidos por allegados en la ciudad alemana de Fráncfort, recuerda Joanna. “Todo lo que tenían eran dos pequeñas mochilas escolares, habían tomado la decisión de escapar en tan solo unas horas”.

Sentimientos a raya

Recuerda a otra mujer a la que llevó en coche y repetía desolada “ya no tengo casa. Contaba que soldados rusos le habían robado todo lo que pudieron llevarse y lo demás lo habían destruido.

Una cosa es que los soldados se enfrenten en una guerra”, declara “pero devastar las vidas de civiles es otra cosa”.

No quiere que las emociones la invadan. Joanna sabe que es el tiempo de ayudar, así que trata de mantener a raya sus sentimientos. “No sé qué pasará y cómo lo procesaré cuando vuelva a casa”, dice.

La respuesta de las organizaciones locales y de las personas voluntarias está siendo extraordinaria. Sin embargo, ellas también necesitan apoyo, sus medios son limitados y la dimensión de esta emergencia sobrepasa todas las capacidades. Van a ser meses duros, difíciles y debemos estar preparadas.

 

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