dos vidas en 300 kilómetros

Nina: dos vidas en 300 kilómetros

Diseñaba joyas, iba al gimnasio, paseaba con sus perros por la calles, los bulevares verdes y los jardines de Odesa. Parece que han pasado siglos de esa vida en la ciudad portuaria conocida en las guías turísticas como la Perla del Mar Negro. Sobre todo cuando Nina la recuerda mientras asiste a otras personas refugiadas a 300 kilómetros de allí.

No hace tanto que la joven de 25 años llenó una pequeña maleta y abandonó las comodidades junto a su hermana, su madre y sus animales. Lo hicieron tras las primeras bombas, creyendo que pronto podrían volver. Siguen convencidas de que regresarán y por eso han decidido quedarse lo más cerca posible.

Una nueva vida en Iasi

Ese punto cercano es Iasi, otra ciudad que sale en las guías como la Capital Cultural de Rumanía. Ahora más que a turistas, acoge a ucranianas y ucranianos que escapan de la guerra. Muchos de ellos pasan solo unos días allí, están en tránsito hacia terceros países donde les aguardan familiares, amistades o donde esperan tener más oportunidades de alojamiento y trabajo.

Hay quienes se quedan, como ha hecho Nina. Ella y su familia alquilaron un apartamento turístico al llegar a la ciudad, pero los precios no paraban de aumentar. Tardó días en descubrir que eran personas refugiadas y que había organizaciones en la ciudad dispuestas a ayudarlas.

De refugiada a voluntaria

Sintió un gran alivio y agradecimiento al encontrar a quienes podían ayudarlas con el alojamiento y la vida en Iasi. Y decidió que quería evitar que otras personas estuviesen tan desorientadas como ella al llegar, por lo que se convirtió en voluntaria.

Cada día desde las 9 de la mañana a las 5 de la tarde se ocupa de las necesidades de las personas recién llegadas al centro. “Se les ilumina la cara” cuando descubren que es ucraniana, que entiende por lo que están pasando, cuenta Nina.

La joven habla varios idiomas, por lo que puede resolver cuestiones logísticas, como facilitar lugares donde dormir y medios para viajar. Además ocupa buena parte de su tiempo como voluntaria dando apoyo emocional a sus compatriotas, también a los más pequeños. Organiza partidos de fútbol y le impresiona verlos sonreír. Jugar es para las niñas y niños que huyen de Ucrania a veces tan importante como la comida y el abrigo.

Dos vidas en 300 kilómetros

Nina no sabe cuánto tiempo tardará en volver a Odesa, se entristece al pensarlo. Espera que la guerra en Ucrania no caiga en el olvido, que el mundo entero recuerde que este conflicto afecta mucho más de las fronteras de su país y que parar esta guerra es tarea común.

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