Sin un lugar al que llamar hogar: voces de mujeres palestinas desplazadas

Presentamos un informe imprescindible que recoge los testimonios de mujeres palestinas que han sido desplazadas forzosamente, «Sin un lugar al que llamar hogar».

Más de 77 años después del inicio de la Nakba, el pueblo palestino sigue enfrentando desplazamiento forzado, exilio y violencia sistemática. Hoy, Gaza es el epicentro de una tragedia que expertos de Naciones Unidas ya califican como genocidio, mientras Cisjordania sufre una escalada de incursiones militares, detenciones arbitrarias y ataques de colonos que buscan vaciar comunidades enteras. En este contexto, nuestra socia, Women’s Centre for Legal Aid and Counselling (WCLAC) presenta un informe que recoge los testimonios de 20 mujeres palestinas —10 de Gaza y 10 de Cisjordania— para dar voz a quienes sobreviven a una violencia que intenta borrarlas del mapa y de la memoria.

Sin un lugar al que llamar hogar: voces de mujeres palestinas desplazadas

Las mujeres entrevistadas relatan la pérdida de hijos y familias completas, partos en tiendas improvisadas, amputaciones sin anestesia y el hambre extrema provocada por el asedio. Estos relatos muestran que la guerra no solo mata con bombas: también destruye las condiciones mínimas para la vida, mediante el bloqueo de alimentos, agua, medicinas, electricidad y combustible.

Entre ellas está Kholoud, de 31 años, quien vive en una tienda de campaña junto a su madre, ambas con antecedentes de cirugías cardíacas. Tras la destrucción de una escuela en la que habían buscado refugio, fueron obligadas a huir en más de cuatro ocasiones, a pesar de sus heridas y su frágil salud. “Mi madre y yo necesitamos alimentos sanos, proteínas y frutas, pero no tenemos acceso a ellos. Hemos perdido peso, estamos débiles y no podemos caminar largas distancias”, relata. La situación de Kholoud revela un riesgo adicional: dos hombres intentaron aprovechar su vulnerabilidad ofreciéndole ayuda a cambio de favores sexuales.

“No duermo por las noches. El miedo a ser atacadas por personas o animales es constante. Solo nos separan del exterior unos trozos de tela”, confiesa.

Su experiencia es solo una de muchas que reflejan el impacto diferenciado de esta violencia sobre las mujeres palestinas. El informe documenta cómo el asedio israelí ha convertido el acceso a comida, agua, medicinas y refugio en armas de guerra, provocando una crisis de hambre sin precedentes: el 93 % de la población de Gaza sufre inseguridad alimentaria y ha declarado la hambruna, según Naciones Unidas.

Esto es solo una más de las múltiples violencia y violaciones del Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos, incluyendo el uso del hambre como arma de guerra, el desplazamiento forzado y la destrucción deliberada de infraestructuras esenciales. Naciones Unidas ha declarado que existen indicios de genocidio, mientras la Corte Penal Internacional ha solicitado órdenes de arresto contra altos cargos israelíes por crímenes de guerra y lesa humanidad.

Más violencia en Cisjordania

No solo Gaza se está viendo asediada por el ejército israelí. Cisjordania sufre una ola de violencia por parte del ejército y los colonos, especialmente en campamentos de personas refugiadas como Jenin o Tulkaren. Mervat, que perdió a sus padres siendo joven y crió a sus hermanos, vive sola en el campamento de refugiados Nur Shams. Trabajó años limpiando casas en asentamientos israelíes, pero tras los eventos de octubre de 2023 perdió su permiso de trabajo y está en paro. . Su hogar y su vida se han visto amenazados por los ataques militares, tras hacer un viaje y debido al asalto del ejército al campamento, perdió de nuevo su hogar a principios de 2025. Mervat regresó a la casa de su hermana abrumada por la pena y la desesperación. Había perdido su sustento, su hogar, toda una vida de trabajo.

“Perdí toda esperanza”

Tomar medidas: alto el fuego inmediato

El informe de WCLAC no solo denuncia, sino que también llama a la acción: a los Estados para que cumplan su obligación de prevenir el genocidio, a los organismos internacionales para que garanticen corredores humanitarios y protección a la población civil, y a la sociedad global para que no permanezca en silencio. Escuchar y difundir las voces de estas mujeres es un acto de resistencia y de memoria, una forma de exigir justicia y de afirmar que, incluso en medio del horror, la verdad puede abrir caminos hacia la rendición de cuentas y la esperanza.