Atención a víctimas del conflicto armado en Colombia

Más de 50 años de conflicto armado en Colombia arroja cifras aterradoras: más de 260.000 personas asesinadas –de las cuales 81% son civiles–, 36.000 secuestros y 7.000.000 de desplazamientos forzosos.

El camino hacia la paz se dibuja arduo pero la población colombiana, que durante medio siglo ha hecho frente a profundas desigualdades sociales y altos niveles de pobreza y exclusión, lo afronta con gran esperanza.

De entre todas las personas afectadas, los grupos que más han sufrido las consecuencias de este conflicto han sido niños y niñas, mujeres y las comunidades indígenas y afrodescendientes, debido al reclutamiento forzoso de menores, al control de las comunidades por grupos armados y al altísimo índice de violencia sexual y de género.

En el conflicto armado de Colombia, cada mujer es agredida sexualmente de media una vez al día por diferentes actores armados.

Katherin

“Cada bono de alimentos que llega a las manos de cada una de las personas que somos víctimas y que estamos viviendo ese flagelo tan terrible que es la violencia por causa del conflicto armado, para nosotros, eso es un tesoro, una gran ayuda.”

“Soy Katherin Ocoró, tengo de 32 años, y soy una víctima de la violencia. En el año 2015 mi familia y yo fuimos víctimas de un hecho de violencia que nos marcó demasiado. Nos desplazamos porque intentaron asesinarnos. Nos tocó abandonar todo, perdimos todo, salimos de ese lugar y encontramos refugio en un albergue de un familiar. Estando en este albergue, mi hijo de 6 años empezó a desarrollar ciertas enfermedades: salió positivo por intoxicación de monóxido de carbono porque la vivienda donde nos albergamos queda a orillas de una vía donde transita transporte de carga. A causa de ello, mi hijo empezó a tener problemas delicados de salud, estuvo en dos ocasiones en coma y en lo recorrido de este año 2016 ha ingresado dos veces en la unidad de cuidados intensivos.

Estando es esta situación tan difícil con la que me encontraba muy desesperada, fue cuando llegué a Alianza por la Solidaridad en busca de ayuda y ellos me pudieron apoyar en el momento que más lo necesitaba con los bonos de alimentos. Fue una bendición para mi hogar, para mi esposo, mi hijo enfermo y mi niña de 2 años, ya que pudimos suplir necesidad de alimentos.

La ayuda psicológica que me brindaron también me ayudó mucho, porque en medio de la tormenta pude alcanzar una calma, poder pensar con la cabeza tranquila, poder tener la tranquilidad que necesitaba para afrontar esa situación tan difícil que se me venía encima con mi familia.

A causa de que mi hijo enfermara gravemente, tuvimos que desplazarnos de 5 a 6 veces al mes a la ciudad de Cali-Valle del Cauca, donde están los centros médicos especializados para tratar la enfermedad de mi hijo. Además, todo corría por nuestra cuenta. Pero gracias a la atención jurídica recibida en Alianza, pudimos interponer una acción de tutela, la cual ganamos y ahora la entidad promotora de salud a la cual estamos afiliados en el régimen subsidiado, nos da todo lo que es viáticos y transporte para viajar con mi hijo a recibir las atenciones y tratamientos médicos.

Para mí, Alianza por la Solidaridad fue un socorro, llegó cuando más lo necesitaba y aun cuando ya ha pasado un año del hecho victimizante, en el momento en que nuevamente llegó a tocar las puertas de Alianza, siempre están prestos para ayudarme y atenderme. Estoy muy agradecida por la ayuda que nos han dado y decirles que así como esa mano amiga se extendió para mí y para mi familia, cada día se pueda extender a muchas más víctimas que también lo necesitan.

Nuestro trabajo

Colombia es después de Afganistán el país con mayor número de víctimas a causa de las minas antipersona.

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