Constanza, lecciones de la pandemia

Parece que hace siglos, pero solo han pasado dos años. En abril de 2020, Constanza  buscaba fórmulas para hacer frente a los efectos sociales del Covid en Moldavia. En el país más pobre de Europa, la pandemia golpeó especialmente a las personas con menos recursos, las necesidades de alimentos y otros productos básicos eran grandes. Constanza dió una lección a la pandemia. 

Lecciones de pandemia

Así que esta joven de 31 años, trabajadora de una ONG, decidió usar su experiencia en la organización de comunidades para montar una red de ayuda en Chisinau, la capital del país. Junto a sus compañeros logró recaudar 3 millones de leus, la moneda local, y reclutar a 500 voluntarios. Parecía un récord de movilización imbatible. 

No lo era. En febrero de 2022, Constanza recibió una llamada de un representante del Gobierno moldavo. Acababa de estallar la guerra en Ucrania y los primeros refugiados cruzaban ya la frontera. Sabían que vendrían muchos más y hacía falta organizar a la sociedad civil del país, necesitaban la experiencia de quienes ya lo habían hecho dos años antes. Y Constanza, como muchas otras personas, decidió ponerse manos a la obra.

Hubo un nuevo llamamiento de voluntarios y esta vez el número se multiplicó, el récord se batió: 4000 personas se ofrecieron para atender a las personas ucranianas que huían de la guerra.

Moldavia por la Paz

Moldavia por la Paz, el movimiento del que forma parte Constanza, se ha convertido en una pieza clave de la asistencia a refugiados en Moldavia. Es una iniciativa independiente formada íntegramente por personas voluntarias, muchas de ellas moldavas, pero también rusas, bielorrusas y ucranianas, según destaca Constanza, que quiere dejar claro que no discriminan a nadie. Atienden a toda persona que lo necesite, aunque no tenga nacionalidad ucraniana. 

Dividen las funciones por equipos de manera horizontal y celebran una asamblea semanal para organizarse. Saben que es necesario sistematizar y supervisar bien las ofertas de ayuda, para evitar problemas de seguridad, tráficos de personas o abusos. Han desarrollado una plataforma a través de la que se puede pedir diferentes tipos de ayuda, desde comida a productos higiénicos. Tienen un servicio para conectar a refugiados con potenciales hospedadores y cuentan con un equipo que apoya en el traslado desde un alojamiento a otro.

Cerca de 30.000 familias moldavas han acogido a refugiados en sus casas, calcula Constanza. También ella alberga en su casa a dos personas procedentes de Ucrania. Se trata de un esfuerzo sin precedentes para un país con tan pocos recursos económicos, en el que un tercio de sus habitantes viven por debajo del umbral de la pobreza.

Constanza cuenta que en Moldavia se ha vivido la invasión del país vecino con solidaridad, pero también con miedo a que la guerra llegara hasta allí. Ella misma tenía pensado a dónde huir en el caso de que la capital se viera en medio de los enfrentamientos. Ahora está todo algo más tranquilo, dice, ver como Ucrania resiste les ha dado esperanza. 

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