Natalya y el miedo al ruido

A Natalya aún le asusta cualquier ruido, a pesar de haber dejado atrás la guerra. Hace pocos días sufrió un ataque de pánico al escuchar el estrépito de un motor de un coche averiado en Chisinau, la ciudad de Moldavia donde ha encontrado refugio junto a su madre y su perro. Aquí esta segura, pero el miedo no la abandona.

El miedo al ruido y los traumas de la guerra

Como estudiante de psicología esta joven de 19 años sabe que necesitará tiempo y atención para procesar todo lo vivido: cuando su madre la despertó a las 5 de la mañana aquel fatídico 24 de febrero, cuando salieron huyendo desde Odesa a Mykolaiv en plena noche, cuando una bomba estalló a centímetros de su hermano. Tardará en asimilar las dos semanas ininterrumpidas que pasaron en un bunker, el miedo a quedarse sin comida que las llevó a comprar todas las patatas que pudieron encontrar. 

Su terapia es ayudar a los demás, a sus compatriotas. A través de un grupo de Facebook de voluntarios ucranianos entró en contacto con la organización local Moldavia por la Paz. Y desde entonces acompaña a los refugiados ucranianos que van llegando a Moldavia, les escucha y les ayuda a rellenar formularios para que reciban la ayuda necesaria. 

Lo hace porque cree en el amor, según sus propias palabras. Ella todavía no se puede creer que haya estallado una guerra en su país en pleno siglo XXI. Ella, que nunca leía o veía las noticias, consume ahora información de forma compulsiva para intentar comprender lo incomprensible.

En Moldavia la gente es muy amable y hospitalaria. Pero su hogar está lejos, allí donde se han quedado su casa, sus amigos, su padre y su hermano. Allí donde su vida se ha parado hace ya dos meses.

 

 

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