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Bamako: los movimientos intraafricanos

Miércoles, 13 febrero 2019

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La capital de Mali, Bamako, es otra parada en mi camino, otra parada en la ruta migratoria que cruza África, no sólo hacia Europa, también hacia los países del Magreb. Son estos los movimientos mayoritarios, los intraafricanos, regionales y circulares y es necesario recordarlo a cada momento. Las imágenes de muertos en el Mediterráneo o de pateras llegando a costas españolas, italianas o griegas es potente, pero de nuevo, es sólo una parte del tablero, falta información. Por eso estamos aquí.

 

Bamako es un pieza del rompecabezas. Desde aquí centenares de personas cogen el autobús destino Niamey para pasar por la ruta de Níger, por Agadez, o bien escogen el itinerario aún más peligroso, vía Tombuctú, Gao y Kidal, en el norte del país, a través de las ciudades de arena que ejercen de último puesto de avituallamiento antes del desierto. Son localidades inmersas en la inestabilidad, tomadas por grupos armados, rebeldes y yihadistas, pero eso no disuade a quienes están decididos a partir en busca de algo mejor. A mí, en cambio, a pesar de nuestra determinación la (in) seguridad sí me disuaden de seguir el camino y por eso me quedo en Bamako.

 

Esta ciudad, no obstante, es una urbe interesante, bulliciosa, caóticaEnt5 (2) pero a ordenada, parada imprescindible para reseguir el trayecto y las vicisitudes de las personas en movimiento en el Sahel y un lugar -relativamente reciente en la historia de África en comparación a las ciudades del norte- pero también sucesor del antiguo y potente Imperio de Mali. Bamako es sobre todo una metrópolis regional, símbolo de la actual República de Mali, ese país que sólo hace una década era referente de estabilidad democrática en África Occidental y que, actualmente, se debate entre el yugo terrorista y la subordinación occidental. Bamako es espacio de encuentro, rencuentro y crisol étnico y nacional, sitio de paso hacia el norte pero también de retorno de miles de migrantes “asistidos y acompañados”, pero más bien forzados por el contexto, los organismos internacionales  y el bloqueo de fronteras impuesto por la UE.

 

Mali es un país históricamente de migración hacia Europa, a diferencia de Níger, con una abundante y poderosa diáspora en el viejo continente con voz y voto (y liderazgo) en todo lo relativo al movimiento de personas. Eso marca la diferencia con su vecino oriental, más vulnerable y sometido a los designios de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el dispositivo de contención desplegado por la UE. Mali es otra parada de la frontera europea, un colaborador necesario en la estrategia de externalización de servicios y control migratorio de la Fortaleza Europa, pero que ejerce más bien de pasador y actual alternativa a quienes no logran pasar por Níger. Bamako es, pues, otra parada de nuestro viaje, un alto en la aventura migratoria de tantos y tantas, de la cual sacamos muchas historias y aprendizajes que verán la luz en los futuros artículos y que demostraran una vez más la necesidad de defender sin matices la libertad de circulación y el derecho a la movilidad.

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Oriol Puig


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