Un antropólogo (y periodista) en el desierto

Miércoles, 26 diciembre 2018

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El Sahel –borde, límite en árabe- es la zona limítrofe entre el desierto el Sáhara y la sabana africana, un espacio semi-árido, lugar de civilizaciones milenarias que atraviesa todo el continente desde Senegal hasta Eritrea. Actualmente vilipendiado por cuestiones securitarias, con grupos yihadistas que campan por distintas regiones y circulaciones de todo tipo de productos y personas, toda la zona fue también cuna de Imperios africanos durante la Edad Media y puente histórico entre poblaciones del norte y del sur.

 

En mi caso, conocí algunos de sus rincones, como Níger, hace ya casi una década. Allí me impregné, deconstruí y me cuestioné hasta límites insospechados. Litigué con (no contra) bagajes culturales y cosmovisiones eurocéntricas, sin llegar a entender muchos de los fenómenos que veía y vivía, pero esforzándome al menos por dejar de enjuiciarlos. África es distinta, diversa y potente y te lleva a límites que quizás ni tú conocías. Así, el continente en general y la zona del Sahel en particular empezó a ser parte de mí y a bascular gran parte de mi vida laboral. Ahora regreso para continuar algunos de mis trabajos iniciados como periodista y antropólogo hace ya bastantes años.

 

Por ejemplo, desde Niamey, capital de Níger, encarrilé con mayor precisión y rigor mi militancia a favor de la libre circulación y dejé volar a la vez mi curiosidad por la migración como fenómeno global y total -obviamente social, económico y político, pero eminentemente humano-. Así, empecé mis estudios sobre migraciones de retorno de personas que por aquel entonces, en 2011, regresaban de Libia a Níger tras la caída de Gadafi. Con ello, incluso, llegué a doctorarme en Antropología Social por la Universidad de Barcelona, logrando –algo impensable para mí- el Premio extraordinario de mi promoción. También, sin duda, aporté complejidad a mi visión periodística tal como me dijo el maestro africanista Ferran Iniesta: “te hiciste antropólogo para ser mejor periodista”.

 

Esperando que así sea -pero sino, sigo en el camino de aprendizaje y crecimiento- hemos diseñado con mimo junto a Jara Henar, representante de Alianza por la Solidaridad y compañera de luchas, este proyecto modesto pero pretencioso para difundir lo que está sucediendo en cuestión de migraciones en países como Níger, Burkina Faso y Mali. La Unión Europea está llevando sus fronteras a estos estados tan lejanos para nosotros como importantes para nuestros gobernantes y, por eso, queremos –y debemos- fiscalizarlos. Pretendemos, pues, dinamizar el debate y contribuir a un relato favorable a quienes se mueven, sea por los motivos que sea. Estamos motivados y nuestra experiencia creemos que nos avala, así que, desde una estrategia mediática y de divulgación ambiciosa, esperamos aportar nuestro granito de arena, efectivamente, de dunas saharianas.

 

 

Oriol Puig


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