El acceso a los derechos de las mujeres migrantes subsaharianas en Argelia

Las mujeres, tanto si viajan solas como si lo hacen acompañadas, comparten con los hombres la ruta y sus desafíos: la experiencia del desarraigo, la precariedad del tránsito, la incertidumbre del proyecto migratorio. Pero su situación es, en mayor medida que la de los hombres, paradójica y muestra las contradicciones intrínsecas de la aventura. Si bien “intentar la aventura” es un medio de emancipación de las limitaciones colectivas y de las circunstancias generadas, y, por tanto, de individualización, ha de señalarse que durante la aventura se establece un proceso de endurecimiento de estas mismas limitaciones y de esas mismas circunstancias que son contrarias, incluso opuestas, a sus aspiraciones primeras. Las aventureras están, en efecto, más expuestas que los aventureros a actos de violencia múltiples – físicos, sexuales, psíquicos – que acompañan y estructuran etapa por etapa su recorrido. Las mujeres que emprenden este camino –que viajan solas, o acompañadas por sus maridos u otros miembros familiares– son vulnerables a la autoridad de los hombres, siendo víctimas de abusos, violaciones o matrimonios forzados

Aunque estas pruebas las convierten en sujetos vulnerables y dependientes, obligándolas a buscar protección en los hombres, las asumen sin embargo como normales, incluso a veces casi las banalizan.

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