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Senegal, Gambia y Guinea-Bissau: un ambicioso plan que traspasa fronteras

María Rodríguez @MariaRgez. Periodista. Estudiante del Máster de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de prácticas en Senegal.

Al margen de las fronteras físicas, las poblaciones rurales de las regiones transfronterizas de Senegal, Gambia y Guinea Bissau comparten unos recursos naturales que mal gestionados suponen un riesgo para su alimentación, sus modos de vida y provocan graves problemas: migraciones ambientales, deforestación… Trabajamos en una ambiciosa iniciativa que implique a los gobiernos locales para que no se abandonen las zonas rurales.

Mujeres Gambia

Hace casi dos siglos Moussa Molo Baldé gobernaba un reino que se extendía desde Bafata (Guinea-Bissau) hasta Gambia, pasando por la región de Kolda (Senegal). Un reino y un rey que vivieron la llegada de los blancos y observaron cómo portugueses, franceses e ingleses se repartían la región sin tener en cuenta la organización previa de los pueblos que allí habitaban. Moussa Molo Baldé gobernaba desde un pueblo de la región de Kolda, pero decidió cambiar su residencia cuando se dio cuenta de que los franceses comenzaron a capturar a todos aquellos jefes tan poderosos como él. Junto con otras 6.000 personas decidió huir a Gambia, zona ocupada por los británicos, donde fue bien recibido por los colonos, quienes le ofrecieron un pequeño ejército así como continuar siendo rey en aquella tierra.

Ésta es la versión de la Historia de esta zona del África Occidental que cuenta Ousmane Baldé. Ousmane, de 79 años y natural de Saré Bacar, un pueblo guineano situado justo en la frontera entre Guinea Bissau y Senegal, conoce esta historia gracias al hermano de su madre, el hijo pequeño de Moussa Molo Baldé. Pero la Historia no termina ahí. Una vez conseguidas las independencias todos los pueblos que habían formado parte de ese reino y que tenían unos lazos culturales e históricos comunes quedaron repartidos en los tres nuevos estados: Gambia, Senegal y Guinea Bissau, y fueron separados entonces y hasta día de hoy por unas fronteras y unas nuevas nacionalidades. Sin embargo, “la frontera que separa a las poblaciones no impide que las relaciones entre los pueblos continúen, las relaciones no han cambiado”, asegura Baldé.

Esta realidad histórica es una de las muchas que tiene en cuenta la metodología PAGET (Plan d´Aménagement et Gestion des Espaces Transfrontalièrs), una herramienta de planificación territorial que pretende la mejora de la gestión de los espacios y recursos naturales transfronterizos entre Senegal y el norte de Guinea Bissau y entre Senegal y el sur de Gambia. Como explica Sara Carvajal, técnica de ordenación del territorio de Alianza por la Solidaridad, “las fronteras impuestas no corresponden a las configuraciones geográficas y a la identidad de los pueblos, lo que ha dado lugar a que un mismo espacio natural forme parte de dos países y se gestione a un lado y al otro de manera diferente, con diferentes legislaciones y con avances distintos en los procesos democráticos. Esto ha generado espacios vulnerables con desequilibrios en el acceso a las infraestructuras y con grandes dificultades para ser gestionados por sus poblaciones”.

La metodología PAGET se está llevando a cabo a través de la participación de las poblaciones que viven en los pueblos cercanos a las fronteras entre estos tres países. “Creemos que toda planificación del espacio y de los recursos naturales debe partir de la población. Es ella la que los va a explotar y se necesita su visión para que sea realista y duradera en el tiempo”, explica Carvajal. Además, todo el proyecto se está desarrollando desde una perspectiva de género debido a que las mujeres son las que se encuentran en una situación más vulnerable, con una desigualdad de acceso y control a la tierra y a los recursos naturales. “Antes las mujeres no participaban en la toma de decisiones, los hombres constituían las instituciones y decidían sin consultarlas. Ahora es necesario impulsar que las mujeres formen parte de esa toma de decisiones para que elijan sus espacios, cómo gestionarlos y puedan participar y negociar en las reuniones sin problemas para hablar en público”, explica Aminata Dramé, técnica de género de la organización APRODEL (Guinea Bissau). Asimismo, Adama Baldé, presidenta del comité territorial en Saré Bacar (Guinea Bissau), señala que “las mujeres queremos poseer nuestra propia tierra porque aunque somos quienes la trabajamos no nos pertenece y no podemos explotarla como queremos”. Se trata de una metodología que desde el año 2011 desarrollamos Alianza por la Solidaridad junto con nuestras tres socias locales en Guinea Bissau (APRODEL), Senegal (FODDE) y Gambia (ADWAC).

Conflictos por los recursos naturales, deforestación y salinización de los suelos

Entre los problemas que surgen en estos espacios transfronterizos está la gestión de espacios compartidos. Bosques que se dividen en dos debido a las fronteras y que se legislan de manera diferente a cada lado, dando lugar a que un gobierno decida que ese bosque sea protegido y el otro no, sobreexplotándose los recursos de una zona más que de la otra. Uno de los recursos más codiciados de la zona es el bambú. “Si observas el entorno de los pueblos verás bambú por todos lados. La gente trabaja mucho con él, las casas, las sillas, las camas, todo está fabricado con bambú. Es un recurso muy importante en la zona, pero como en Senegal escasea las personas van a buscarlo a Guinea Bissau”, explica Avito Sánchez técnico de ordenación del territorio de APRODEL.

Pero el problema transfronterizo que surge con el bambú entre Guinea Bissau y Senegal no es el único en torno a los recursos naturales. Entre estos dos países también se encuentra el problema de los fuegos incontrolados, las condiciones de vida precaria de la población, la inseguridad alimentaria y las dificultades de comercialización por la falta de libre circulación de bienes y personas. “A pesar que la CEDEAO (Comunidad Económica de los Estados del África Occidental) promulga la libre circulación tanto de bienes como de personas a nivel local los mecanismos no existen o son muy débiles y esto genera dificultades para comercializar sus bienes en el otro lado de la frontera”, comenta Carvajal.

En la zona en la que estamos trabajando entre Senegal y Gambia, además de la seguridad alimentaria, la deforestación progresiva y el fuego se produce también la salinización de los suelos por el aumento del nivel del mar que impide que estos puedan ser utilizados para la agricultura. Este problema requiere de infraestructuras en zonas transfronterizas “para las que es necesaria no sólo una gestión conjunta en la decisión de dónde colocar esas infraestructuras para que el beneficio sea para todos, sino también el mantenimiento”, señala Carvajal. Asimismo, en la zona en la que se está aplicando el plan PAGET, la parte correspondiente a Gambia tiene casi el doble de población que la de Senegal lo que está causando, además, una presión sobre suelo.

Migraciones ambientales ante el abandono político de las zonas rurales

Todos estos problemas producen no sólo conflictos por los recursos sino también movimientos migratorios de la población debido a que las zonas transfronterizas se han quedado aisladas y olvidadas por las autoridades centrales. “En Senegal el 40-50% de las personas y de las actividades están concentrados en la capital, dejando de lado todo un espacio vacío donde la gente no tiene ganas de quedarse porque no hay nada. Todo esto es consecuencia de una mala ordenación territorial. Una buena disposición y distribución de las actividades y las personas en el espacio contribuye a equilibrar la vida, a evitar la concentración de las actividades en la capital, como ocurre con muchos países africanos. Es necesario dar a las personas las ganas de quedarse y de vivir en su medio, crear las condiciones idóneas”, explica Daouda Dia, técnico de ordenación territorial de FODDE (Senegal).

El PAGET se desarrolla en cuatro fases: la preparación, el diagnóstico, la planificación y la ejecución. En la fase de preparación, ya concluida, se buscó la sensibilización de las poblaciones, los servicios técnicos y las autoridades locales, se identificó la zona y se pusieron en marcha los comités que trabajan para organizar a los diferentes pueblos dentro del propio país y transfronterizos, con representantes de cada uno de los estados implicados. En la fase de diagnóstico, que finaliza este mes, se están llevando a cabo talleres participativos en los que identifican los diferentes recursos naturales que afectan a las condiciones de vida de la población. Dedican horas y horas al reconocimiento del terreno, a situar uno por uno todos los recursos que se encuentra en el territorio: bosques, valles, zonas de pastoreo, de agricultura, acuíferos… Después de una búsqueda territorial, de talleres con las poblaciones para buscar la potencialidad y los problemas y dibujar mapas para clarificar dónde se encuentran los diferentes recursos con el consenso de todos los participantes, se realiza un informe que debe ser validado por la comunidad. Este informe será la base de la fase de planificación sobre cómo se va a llevar a cabo el plan, las orientaciones estratégicas, su periodo de ejecución y sus posibles fuentes de financiación que permitirán su ejecución.

La metodología PAGET es una iniciativa ambiciosa. Pretende una gestión sostenible de los recursos forestales; una mejor técnica del cultivo que permita no sólo la agricultura de subsistencia sino también excedentes para su comercialización; una mejora de las capacidades de la población en la gestión del territorio y sus recursos naturales promoviendo así la soberanía alimentaria; un mejor acceso a las infraestructuras sociales de bases, es decir, las escuelas y los centros de salud, así como a carreteras para mejorar la comercialización y la comunicación y, de este modo, disminuir el aislamiento de estas zonas. Asimismo, se busca promover la libre circulación de bienes y personas en las zonas transfronterizas y armonizar la legislación en estos territorios.

Comenzar a ver los resultados es cuestión de tiempo. Y aunque se trata de una tarea a largo plazo y ardua en muchos aspectos, la gente implicada la ve como un esfuerzo necesario para mejorar la calidad de vida de quienes viven ahora y de quienes están por venir. Para Ousmane, el plan PAGET “refuerza las buenas relaciones que hay entre los pueblos y recuerda a nuestras gentes que somos el mismo pueblo”. Para Adama Baldé “este proyecto nos permite que todos nos demos la mano y que las generaciones futuras tengan mejores condiciones de vida”.

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