Comercio justo, ¿la alternativa económica tras el Covid-19?

  1. En el contexto de la crisis generada por el Covid-19 cada vez más voces coinciden: el futuro pasa por la puesta en marcha de modelos económicos sostenibles. Y uno de estos modelos es el comercio justo.
  2. El Comercio Justo optar por productos elaborados de manera respetuosa con sus trabajadores y trabajadoras, priorizando sus derechos, así como con el cuidado del medio ambiente.
  3. Las organizaciones de Comercio Justo reclaman un cambio en las políticas comerciales y aprovechar este momento para establecer nuevos modelos económicos más sostenibles tanto para las personas como para el planeta. No podemos repetir las fórmulas económicas del pasado, que solo nos llevarán a una nueva crisis (ya sea económica o sanitaria). No se puede pretender retomar la normalidad al salir de esta crisis, repitiendo los mismos errores que nos llevaron a la misma.

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¿Qué es el comercio justo?

“El Comercio Justo es un sistema comercial basado en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional prestando especial atención a criterios sociales y medioambientales. Contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de productores/as y trabajadores/as desfavorecidos, especialmente en el Sur”. (Organización Mundial del Comercio Justo, WFTO)

¿Qué ha cambiado con la crisis?

Esta crisis no solo ha revelado las numerosas debilidades del sistema actual, que se han hecho mucho más visibles debido a la crisis sanitaria, social, económica y de cuidados, sino que también nos ha hecho preguntarnos como sociedad qué es lo realmente importante  momento de consumir un producto. Durante las primeras semanas de confinamiento, el consumo de alimentos en el país en hipermercados y supermercados aumentó hasta un 160% , y muchos de estos productos acabaron en la basura.

Al mismo tiempo, el impacto de esta crisis es más desigual entre las cooperativas y las comunidades productoras en los países empobrecidos de los que provienen estos productos. 700 millones de personas que tienen un empleo en el mundo son consideradas «trabajadores pobres», según Naciones Unidas; y el Banco Mundial estima que seis de cada diez personas pobres de todo el mundo trabajan en la agricultura, toda una paradoja en estos días donde se exige garantizar el suministro de alimentos en todos los países como medida principal frente a la crisis.

¿Por qué el comercio justo puede ser la alternativa?

Ante este panorama el Comercio Justo defiende la necesidad de ajustar nuestros niveles de consumo a nuestras necesidades reales, y optar por productos elaborados de manera respetuosa con sus trabajadores y trabajadoras, priorizando sus derechos, así como con el cuidado del medio ambiente. En tiempos donde se debe primar, por encima de todo, el cuidado y la salud de las personas, el apoyo al Comercio Justo, que podemos dar como personas que consumimos de forma responsable, es más necesario que nunca.

Beneficios del Comercio Justo

Son muchos. Entre ellos:

  • Precio justo: con el comercio justo los precios se establecen de mutuo acuerdo, lo que significa que la remuneración para todos lo actores que intervienen en la cadena es justa.
  • Respeto del medio ambiente ya que se usan materias primas sostenibles y procedentes de mercados locales, los alimentos no llevan pesticidas, los embalajes son biodegradables…
  •  No al trabajo infantil ni a la explotación los productos de comercio justo aseguran que estamos comprando elementos que no han sido creados con el trabajo forzoso de ningún ser humano

Situación actual de las Organizaciones de Comercio Justo

Un ejemplo de esto es la Cooperativa Cafetalera Aldea Global de Nicaragua, quien ha desarrollado una campaña de prevención entre sus asociados/as y la comunidad, incluyendo el reparto de equipos de protección. Esto tiene un mayor impacto, considerando que Nicaragua es el único país de América Latina que no ha tomados medidas de restricción para controlar la pandemia .

El modelo económico del Comercio Justo minimiza el impacto social y económico de esta crisis hacia los trabajadores y trabajadoras, donde las organizaciones mantienen el pago de sus salarios. Esto que parece una obviedad no lo es tanto si tomamos en cuenta que muchas fábricas de países del hemisferio sur que trabajan para empresas convencionales o multinacionales no han pagado marzo o abril y, por el contrario, han realizado despidos masivos.

Dentro de las organizaciones de Comercio Justo, las que peor lo llevan son las dedicadas al ramo textil y artesanía. El impacto en este sector es más fuerte y al parecer será más sostenido en el tiempo debido al cierre de muchas tiendas en todo el mundo y a las restricciones de apertura con la desescalada. Sin embargo, muchas han comenzado a elaborar mascarillas, sobre todo en países con desabastecimiento de estas como la India, con lo que sus trabajadores mantienen sus puestos de trabajo y su producción se ha vuelto esencial para su país.

También hay organizaciones como el Taller de Solidaridad, de Mandaluyong, Filipinas que, a pesar de tener su actividad detenida, mantiene los salarios de todas las trabajadoras que además lo complementan con una ayuda adicional porque sus parejas no cuentan con ingresos ya que muchos perdieron su trabajo.

Para muchos productores la prima de Comercio Justo, ese extra adicional que reciben las cooperativas y organizaciones por la venta de sus productos a parte del pago de los mismos y que es usado para acciones de desarrollo socioeconómico y medioambiental, ha ayudado esta vez en la compra de alimentos e implementos de necesidad básica para sus miembros y sus comunidades.

Otra medida por la que optan muchas organizaciones de Comercio Justo es la prefinanciación del 50% que pagan las entidades distribuidoras a la hora de hacer los pedidos, facilitando a las organizaciones productoras que afronten estas situaciones de emergencia y puedan mantener los sueldos, a diferencia de, por ejemplo, las empresas convencionales del sector textil, que pagan a 40 o 75 días tras la entrega de la mercancía, lo que a menudo provoca despidos a sus trabajadoras, la mayoría de ellas mujeres.

Las organizaciones de Comercio Justo reclaman un cambio en las políticas comerciales y aprovechar este momento para establecer nuevos modelos económicos más sostenibles tanto para las personas como para el planeta. No podemos repetir las fórmulas económicas del pasado, que solo nos llevarán a una nueva crisis (ya sea económica o sanitaria). No se puede pretender retomar la normalidad al salir de esta crisis, repitiendo los mismos errores que nos llevaron a la misma.

 RENZO TELLO DE PINA

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