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Recordando a Gerald Mathurin

Martes, 13 marzo 2018
Rosa M Tristán

El ex ministro y activista haitiano Geral Mathurin falleció el pasado 3 de marzo en su casa de Jacmel, al sudeste de Haití. Creador de la Coordinación Regional de Organizaciones del Sudeste (CROSE), organización que colabora con Alianza por la Solidaridad desde hace años. Gerald era un símbolo de compromiso con su pueblo y su desaparición deja un hueco que no será fácil de cubrir. 

Mathurin

 

 

Justo antes de unas elecciones presidenciales y una grave crisis institucional ¿Qué análisis hace de la situación? ¿Cómo se ha llegado hasta aquí, en uno de los países más pobres del mundo?

El país vive un momento especialmente difícil. Hay una crisis política reciente que tiene ancladas sus raíces en el pasado. Puede decirse que el país está en situación de caída libre y que hay una grave crisis institucional, de Estado. Hoy no hay relación entre el Estado y el pueblo haitiano, los partidos políticos no representan a ese pueblo. Y estamos intentando ver cómo podemos salir de esta situación. Casi todo el mundo espera que con las elecciones próximas [las que llevaron en enero de 2017 a Moïse a la Presidencia] se podrá salir un poco de este atolladero, pero es una mera esperanza. Lo que en realidad tenemos en Haití son grupos políticos que solamente miran por sus propios intereses.

 

¿No se ve en el horizonte ningún partido nuevo que pueda revertir esta situación?

 

La cuestión es que el problema es antiguo. Podría analizarle lo ocurrido en toda nuestra historia o lo que ha pasado sólo en los últimos cinco años. Y siempre será complejo. Pero voy a comenzar por el periodo post Duvalier, desde que el dictador dejó el poder en 1986 [conocido como ‘Baby Doc’ , a Jean-Claude Duvalie se le atribuyen las muertes de más de 20.000 haitianos]. Después de aquello hubo que organizar una transición, que debería habernos llevado a un gobierno estable. Sin embargo, en lugar de generarse instituciones que estabilizaran la situación, entre 1986 y 1990 hubo un periodo de mucha turbulencia política, que estuvo dominado por el Ejército y la jerarquía católica. En ese periodo surgieron tres corrientes políticas diferentes. Una que no quería, ni quiere aún ningún cambio, sino mantener el status quo; otra que dice querer elecciones y democracia y representa a la clase media; y una tercera corriente que es la del pueblo, que comenzó en organizaciones que entonces eran clandestinas, de izquierdas. El enfrentamiento entre ellas complicó la situación, generó una gran inestabilidad y tuvo efectos muy importantes en la economía. Todas las estructuras económicas fundamentales se destruyeron. Se hizo un ajuste estructural, a demanda del Banco Mundial, y se abrió el mercado local para los productos básicos de primera necesidad. La estrategia fue simple: se pusieron precios bajos y la gente podía comprar  arroz, leche, azúcar… pero luego poco a poco fueron subiendo. Eran productos importados de Estados Unidos. En la fachada, parecía que todo funcionaba, pero era un ‘postureo’, no era real.

 

¿Fue ese ajuste la causa principal de la debacle económica?

 

No sólo. Este es un país eminentemente agrícola y después de la era Duvalier, la producción agrícola bajó a mínimos, hasta tener un 35% de déficit de productos de primera necesidad. Se debió también a que aumentaron los ciclones y las graves sequías debido al cambio climático, lo que soliviantó a un campesinado que se sentía abandonado mientras veía que el mercado lo inundaban productos de fuera. Y se rompió el tejido social, a la vez que los mercados hacían una intervención directa. Podría decirse que en Haití hemos tenidos varios periodos de  pérdida de soberanía nacional. Si hubo un momento en el que los norteamericanos estaban más ocultos y parecía que el Gobierno tenía poder de decisión. Pero luego, los  EEUU se hicieron tan fuertes que directamente dictaban las leyes. Y a ello siguió una tercera etapa en la que ya estaban metidos en nuestro territorio con sus tropas, dirigiendo sus operaciones. Y casi diría seguimos así hasta el presente. Aquí siguen estando y manejándonos con sus leyes.

 

¿Cómo responde a esta situación la comunidad internacional?

 

Creo que la comunidad internacional está jugando con Haití. Y vemos como a Brasil le dan la gerencia de la Minursa (Misión de Naciones Unidas en Haití) para satisfacer las necesidades imperialistas porque Brasil es un país emergente y quiere ser más grande, tener más presencia internacional tomando los países de alrededor. En esa partida, negocian con Estados Unidos su lugar en el mundo y utilizan para ello países como éste. Y todo ello tiene que ver también con el periodo de lucha política entre las tres corrientes que mencionaba antes. Los que no quieren ningún cambio de ‘status quo’ son los que más ligados están a Estados Unidos, pero los denominados demócratas también lo están. De hecho, son los americanos quienes controlan las elecciones. Evidentemente, no son ellos directamente, pero utilizan instituciones para ello: Washington, la OEA, el Departamento de Estado o incluso Francia, que nos dice lo que hay que hacer.

Todo ello genera heridas, rompe las organizaciones de izquierdas y también los separa del pueblo. Desde la izquierda hemos peleado porque se cumpla y aplique la Constitución de 1987, que representa un compromiso entre las tres corrientes, pero no lo hemos conseguido. La corriente de izquierdas más cercana al expresidente Aristide [líder de izquierdas] ha perdido mucho tras su mala gestión y su huida. Ahora vivimos la era post Aristide,  casi sin organización política y con organizaciones civiles muy débiles, lo que explica la gran crisis que vemos. No hay árbitros.

 

¿Cómo ve ahora la situación económica? Siempre parece que Haití no levanta cabeza…

 

El dinero se ha hecho invisible. Los que lo tienen se lo han llevado a otros países o sencillamente lo han retirado del mercado, no invierten, y sin dinero el mercado no funciona. Lo segundo más grave es que la tasa de cambio se ha disparado: nuestra moneda local, el gourda, no vale nada. Y lo tercero es que las empresas no compran aquí la materia prima, todo es importado. A eso se suman los problemas con los vecinos dominicanos, pues nuestro Gobierno ha prohibido importar 25 productos básicos de República Dominicana, tras las expulsiones de haitianos a la frontera. Sume a ello sequías que duran ocho meses. Así que tenemos salidas en masa de los jóvenes haitianos hacia nuevas tierras como Brasil, Argentina, Chile, Ecuador… Todo el que puede se va. Y por último, la corrupción ha sido gravísima en los últimos 5 años. Los que estaban en el Gobierno han robado 7.000 millones de dólares. Una barbaridad para este país. Y pongo un ejemplo: gracias a un acuerdo con Venezuela de tiempos de Chávez, Petrocaribe envió durante tres años petróleo y gas gratuitamente. El acuerdo decía que a partir de esos tres años, Haití lo pagaría con intereses muy bajos. Se generó una deuda importante que había que abonar. En esos tres años, el Gobierno vendía el gas y la petróleo, pero no pagaba. Ahora, acabados los tres años de carencia. ¿Dónde está el dinero? Pues se lo han quedado y ya no podemos pagar la deuda con Venezuela. Ahora, Venezuela no quiere contratos con nosotros mientras no paguemos.

 

Como ocurre en otras zonas ¿Están llegando a Haití empresas extranjeras en busca de mano obra barata?

 

No, ha habido algún intento de inversión en el norte pero no ha funcionado por varias razones. La principal es que es un pequeño país . Y luego está la relación con los extranjeros,  porque el pueblo haitiano tiene una noción de resistencia frente a lo que viene de fuera que hace que no sea fácil instalarse aquí. Si es cierto que se instalan algunas fábricas textiles, pero hay fricciones permanentes entre propietarios y trabajadores. Y se están dando algunas concesiones mineras, pero como hay un mínimo social que el pueblo debería recibir y no recibe, a una empresa le resulta difícil trabajar aquí porque surgen conflictos.

 

Digamos entonces que todo funciona por pura economía de subsistencia


Efectivamente. Y la pregunta es cómo transformar Haití para que funcione. Yo creo que no necesitamos mucho para que haya cambios, pero esa transformación pasa por una mejor educación de los haitianos. Cosas tan evidentes como poder enviar a los niños y niñas al colegio, darlos de comer, cuidar de la salud o tener algo tan básico como una casa digna. Después, sobre esa base, ya puedes dialogar y generar otros cambios sociales.

 

Pero ¿hacia dónde enfocar economía en un país que  tiene tantas amenazas?

 

Evidentemente no somos España, ni Francia, ni Estados Unidos. Somos Haití, un pequeño país de 21.000 kilómetros cuadrados que arrastra una historia, una cultura. Lo que he aprendido es que entendiendo el pasado al explicar el presente podemos proyectarnos hacia delante. Si no miramos el pasado como debemos, ni sabemos cómo hemos llegado así, no podremos avanzar. Comer cada día en Haití no es más complicado que eso. Yo estoy poniendo en marcha algunas experiencias y es cierto que vivo ahora en una casa grande, pero todos podemos vivir de otra forma. Estoy convencido de que Haití posee lo suficiente para vivir todos, pero no lo haremos como un español. Podemos comer mazorcas de maíz, caña de azúcar…. El problema ahora es que la gente no tiene dinero ni para acceder a los productos que si podemos cultivar en Haití. Los que viven en el campo todavía pueden encontrar cereales y verduras para comer, pero no en las ciudades. Y luego está el tema de la energía, que nos debería venir del sol. Yo aquí, en casa, tengo placas solares. Habría que fabricarlas aquí, que fueran accesibles a todos. Haití de es un país tropical y la capa vegetal puede recuperarse. Lo que hay que debemos hacer es reflexionar sobre nuestra adaptación a una forma de vida sencilla, más cercana a las naturaleza, que es lo que nos garantizará un mejor mañana. En el fondo, se trata de reorganizarnos.

 


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