Espíritu Sankara

Jeudi, 14 mars 2019

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“Una juventud movilizada es una potencia capaz de atemorizar las mismas bombas atómicas”, reza un stand con la enorme imagen de Thomas Sankara durante el FESPACO, el festival de cine más importante de África que tiene lugar cada dos años en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso. El puesto dispone de todo tipo de libros, textos y obras del expresidente del país, ensalzando su figura y su labor durante los escasos cuatro años que detentó el poder. Sankara es considerado a menudo el Che Guevara africano, un revolucionario que apostó por emanciparse definitivamente del imperialismo y le costó su asesinato a manos de su antiguo amigo y verdugo, Blaisse Campaoré.

 

Sankara fue artífice del cambio de nombre de Alto Volta a Burkina Faso -Tierra de Hombres Íntegros, en mossi y djula- y su legado continúa aún presente entre gran parte de la juventud burkinesa. “Sankara no fue un Dios, era humano y él mismo nos lo recordaba, pero nosotros seguimos tratándolo como a un Dios”, afirma Gustave frente a la Plaza de las Naciones de Ouaga, inaccesible hoy por el contingente militar que la custodia. La figura de Sankara trasciende los partidos e ideologías y vanagloria un Estado, considerado entre los más pobres del planeta, orgulloso de quien intentó combatir el neocolonialismo con políticas arriesgadas y revolucionarias. La nostalgia de ese espíritu provocó la movilización ciudadana de 2014 que depuso al autócrata que quiso eternizarse en el poder, el viejo camarada Campaoré. Hoy día, las calles de Ouagadougou hablan de “la revolución” sin que el interlocutor acierte a saber a cuál se refieren, puesto que la historia reciente del lugar evidencia lucha y tesón de un pueblo a favor de su emancipación –envidia de muchos-. El movimiento ciudadano Le Balai Citoyen, canalizador del descontento, enarboló a Sankara y su legado y, tras echar a Campaoré, ha logrado recientemente reparar la memoria de su líder caído. 32 años después de su muerte, el Presidente actual, Roch Marc Christian Kaboré, antiguo aliado del régimen y desertor poco antes del derrumbe, desveló una estatua –con parecido discutible- en honor al dirigente panafricano que removió conciencias más allá de su país. El espíritu Sankara sigue vivo.

 

Sin embargo, no todo es oro lo que reluce en un territorio plagado por el preciado mineral, puesto que la reciente transición política no ha supuesto una ruptura radical del antiguo sistema, sino una reforma del mismo -eso sí con cierta apertura democrática-. La inestabilidad política interna y la inseguridad a nivel regional han provocado un aumento del azote terrorista –hasta ahora desconocido en el país- y una securitización del territorio, sobre todo durante el 50 aniversario del FESPACO. “Antes no existía toda esta seguridad, pero ahora ya no sabemos quién es quién en este país. No nos podemos fiar de nadie”, explica con resignación la joven Chantal en las inmediaciones de la feria. El clima de desconfianza se ha extendido como mancha de aceite por toda la zona, de manera proporcional a los ataques de grupos armados y muertes de civiles y militares. La visión securitaria se ha interiorizado y sirve también como justificación para crecientes controles policiales en carreteras y fronteras. El paradigma no es nuevo: se aprovecha la inseguridad para fortalecer líneas divisorias entre Estados e incrementar obstáculos y de paso disuadir y contener flujos migratorios, en un lugar considerado ya como pre-frontera hacia Europa.

 

“Nuestro país cada día es más crucial para el cierre de fronteras europeo”, declara un activista de la sociedad civil burkinesa. Aunque las movilidades tradicionales de Burkina Faso han sido hacia países del sur como Costa de Marfil y Ghana, en los últimos tiempos se han certificado desplazamientos hacia Italia desde el sureste del país. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y las ONGs locales e internacionales consagran todos sus esfuerzos en frenar los escasos flujos mediante la desmoralización, amparándose en los peligros del viaje. Los mecanismos de contención ya están en marcha en este país y crecen rápidamente, asumiendo el rol de retaguardia que, no a muy tardar, podría convertirse en frontera directa de Europa, como ya ejerce Níger. Los “retornos voluntarios” de miles de burkineses y/o de otras nacionalidades; los discursos de criminalización de la migración irregular, contra traficantes y las llamadas “mafias” sin crítica alguna a las políticas de construcción de la Fortaleza europea, son predominantes.

 

En Tenkodogo, a 140 kilómetros de la capital, asistimos al lanzamiento de una actividad de “sensibilización” financiada por la OIM, aplicada por ONG locales. Dos horas de teatrillo con vídeo incluido que pretenden transmitir la siguiente moraleja: “mejor quedarse en casa que partir a buscar”, lo que vendría a ser “África para los africanos”, priorizando las oportunidades en el continente negro y amedrentando a quienes prueben la empresa de ejercer su derecho a moverse (sobre todo hacia Europa). De nuevo, la crítica a las estrategias europeas no se vislumbra por ningún sitio. Durante el pase audiovisual, un candidato a la migración sentencia “la migración es como la mujer, un mal necesario”, lo que provoca la carcajada del auditorio repleto de jóvenes. Mi rostro atónito no engaña. No me sorprende la frase, pero me da que pensar sobre lo mucho que queda por hacer, tanto aquí como allí, para acabar con siglos de educación sexista, causa principal del machismo que sufrimos.

 

Après réflexion, le long de la représentation plusieurs jeunes animateurs vous mettent dans le rôle de trafiquants présumés - vêtus de turbans, clairement associant les Touaregs comme responsable de la circulation- ; tué en Méditerranée ou dans le Sahara, vêtu d’un Jean déchiré et sale t-shirts ; et ils reflètent également le rôle « essentiel et nécessaire » des organisations humanitaires. Le public est externalisé aux tragédies de collègues décédés, souvent près des malheurs et des histoires humaines de la rédemption, bien connue. La réponse est un assourdissant rire qui ou le personnel de l’OIM, ni moi-même je sais comment monter. En fait, rire de voir leurs voisins agissant, coincé dans le rôle de tiers, ils ne jeer pas beaucoup de contenu, mais notre difficulté à comprendre il montre des codes culturels différents. Exactement la même chose et l’ego de l’ouest - dans ce cas, l’OIM-en imposants discours, projets et formes, conduisent à des erreurs répétées de ses objectifs en raison du manque d’humilité de reconnaître ses limites. À la fin de l’événement, l’Agence internationale a demandé au moyen d’une enquête si les participants ont bien compris votre message. Il est probable que certains disent oui, mais il est pratiquement certain que le financier ne comprenait pas du tout le phénomène. Toujours convaincu que les gens construction est le moyen de sortir pour un problème qui n’est pas ainsi et continue à obstinément dans place des obstacles sur le terrain, d’une vanité myope et intéressée qui continue de s’étendre à la fermeture et pas vous permet de voir que votre stratégie peut être positif pour votre int ereses géo - économique et politique, mais est voué à l’échec si son but réel est d’arrêter la volonté du peuple d’exercer leur droit de circuler.

 

 

 

Oriol Puig

 


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