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Les féministes équatoriennes, confrontées au défi d'un pays divisé

Mardi22 octobre 2019
Rosa M. Tristán

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« Le mouvement féministe équatorien doit se reconstruire à nouveau, tras años de divisiones que lo han llevado a una situación muy complicada, así que tenemos grandes retos por delante y tienen que ver con los derechos de las mujeres”. Las palabras de Lita Martínez, directora del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM), una organización dedicada a los derechos de las mujeres en Guayaquil, con más de 35 años de historia, son esclarecedoras del momento que vive en el país andino. Alianza por la Solidaridad ha trabajado con CEPAM en numerosos proyectos y ha seguido muy de cerca lo acontecido en este país en las últimas semanas.

Mientras aún se negocia entre el Gobierno, presidido por Lenin Moreno, y los representantes indígenas un nuevo decreto sobre subsidios al combustible y condiciones laborales, una vez que el anterior fue anulado por las masivas protestas en las calles, las organizaciones feministas están en pleno análisis de la situación tras vivir algo que, como explica la líder social, “nadie vio venir”. “Se organizó en muy poco tiempo, sin las pautas que suelen seguirse en las comunidades indígenas, lo que nos dejó descolocadas a las organizaciones sociales, incluidas las de defensa de los derechos de las mujeres, que ya estaba tocadas por un pasado reciente muy complicado”, explica Martínez.

La desestructuración del feminismo ecuatoriano comenzó a larvarse años atrás, cuando parte del movimiento fue ‘coptado’ por el poder que ejerció entre 2007 y 2017 el expresidente Rafael Correa. Aquello, reconocen, lo dividió en dos bandos que hasta ahora no se han recompuesto en uno. “De ello aprendimos que el feminismo como movimiento no debe identificarse con ningún partido, que debemos reconstruir redes porque en derechos de las mujeres nos queda mucho por avanzar y ahora van a quedar en el olvido”, añade.

Pero la situación es muy compleja. En el país, muchos son conscientes de que se vivió durante años en una burbuja económica “de cristal” que les ha estallado en la cara. Y detrás de esa realidad se vislumbra un expresidente, Rafael Correa, que dejó en manos chinas la explotación del petróleo hasta 2027 y que mantuvo unos subsidios al combustible que llevan 45 años vigentes y que provoca ventajas, pero también problemas, como el ‘tráfico ilegal’ de gasolina con Colombia y Perú, donde es más cara. Pero, a estas alturas, una suspensión abrupta como la pretendida por el Gobierno provocaba tal subida de precios en todo tipo de productos de consumo que el levantamiento en contra fue general. “La realidad es que el Estado no tiene fondos para pagar los sueldos y que, a la vez, se han condonado deudas a grandes empresas desde 2014”, reconoce la líder social.

Como defensora y mujer, Lita Martínez en su análisis de lo ocurrido no olvida el papel que tuvieron las indígenas en las movilizaciones, su invisible posición, casi siempre en la retaguardia, cuidando de los hijos, preparando las comidas, protegiendo… Y también la brutal represión que sufrieron porque las fuerzas de seguridad ecuatorianas no distinguieron entre los indígenas y los grupos desestabilizadores que aprovecharon la situación para sembrar el caos. Al final, en estos momentos no saben cuántos de los 1.300 detenidos y 1.500 heridos son mujeres, si bien desde CEPEM tenían abogadas preparadas para acudir en defensa de aquellas que resultaran afectadas.

Y luego están las consecuencias indirectas, porque resulta que el movimiento feminista trabajaba desde hacía tiempo para que el presidente se manifestara sobre la aprobación del aborto en caso de violación, en un país donde 20.000 niñas menores dieron a luz entre 2008 y 2018. La posibilidad ya había sido rechazada recientemente en el Parlamento, pero había alguna remota posibilidad de que Lenín Moreno apostara por la reforma de la ley actual, que sólo permite abortar en caso de peligro de muerte para la madre. Ahora, es un tema que quedará de nuevo en ‘stand by’.

Autre asunto preocupante es el paso atrás que se ha dado en temas de violencia de género en cuanto a las denuncias ante la Policía. “Muchas mujeres que han visto cómo agredían los policías a la gente, no van a sentir la suficiente sensación de seguridad como para sentirse protegidas por esos mismos agentes, lo que también será un retroceso con el que tenemos que trabajar”.


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