Las comunidades campesinas gravemente afectadas por el aumento de la deforestación en regiones tropicales

5 de junio: Día Mundial del Medio Ambiente

Millones de personas en zonas tropicales del planeta sobreviven gracias a los bosques que rodean sus comunidades. Ecosistemas que están sufriendo en los últimos años una deforestación impulsada por las empresas agroindustriales o mineras, y que ha tomado un nuevo impulso en medio de la pandemia global generada por el coronavirus COVID-19.

Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, Alianza por la Solidaridad-ActionAid  alerta del impacto social y en la salud global que acompaña a la destrucción ambiental en los territorios. Es necesario impulsar iniciativas sostenibles para que éstos sean una fuente de desarrollo en comunidades cuyas poblaciones, en otro caso, son abocadas a la pobreza y a la migración.

Los bosques tropicales son los nichos más importantes de biodiversidad en el planeta, una biodiversidad que desaparece con ellos. Los científicos han demostrado que a más biodiversidad, más difícil es la transmisión de enfermedades entre animales y humanos, como la que provoca COVID-19 o el ébola. Además, hay que se sumar las graves consecuencias sociales.

Reducción drástica de los bosques tropicales en América Latina

La organización, presente en Colombia desde hace décadas, ha constatado que en este país amazónico, con 60 millones de hectáreas de bosque tropical, ha aumentado la presión forestal los últimos meses. Tanto en la Amazonía como en su bosque tropical seco la situación es muy preocupante. Apenas queda un 8% del área original del bosque seco, siendo uno de los ecosistemas más amenazados. En total, se ha identificado un área de 655.889 hectáreas en riesgo, zona que genera medios de vida a unas 85.470 personas de pueblos indígenas y afrodescendientes.

La expansión de la ganadería, monocultivos como la caña de azúcar o cultivos ilícitos de coca están acabando con la cobertura forestal: hasta el 66% en el norte del Cauca. Otro de los negocios en auge es la minería. Ya en 2012 había 241 contratos en esta zona colombiana para explorar 350.000 hectáreas, pero las solicitudes son 650, lo que afectaría a la mitad de un territorio donde el 50% de la población es pobre (con ingresos de 1,7€ al día) y un 23% extremadamente pobre (1€), según datos oficiales.

En el caso de Colombia, el destrozo ambiental se acompaña, además, de un contexto de violencia con la presencia de grupos armados que promueven los cultivos ilícitos y la minería ilegal. Comunidades indígenas y afrodescendientes, estos grupos armados y empresas compiten por la tierra, el agua y los bosques, de lo que salen perdiendo las personas defensoras de los derechos humanos y el medio ambiente: en Colombia, entre enero de 2016 y mayo de 2019 fueron asesinadas 702 líderes sociales y defensoras. Sólo en 2020, se estima que van asesinadas otras 62 personas.

La industria maderera en África subsahariana aumenta las consecuencias del cambio climático

En África subsahariana la deforestación también está alcanzando cotas nunca vistas. La explotación sigue los mismos patrones, si bien en este caso se suma la elevada extracción de la madera tropical. En la región de la Casamance, el descontrol en las fronteras provoca que la madera senegalesa salga en camiones con destino al país vecino, Gambia, desde donde embarca hacia China. Se estima que más de 10.000 hectáreas de la Casamance han sido deforestadas en los últimos años, afectando gravemente a las comunidades rurales, que ya tienen ciclos de lluvias erráticas e inundaciones puntuales, agravadas por la falta de árboles.

Mozambique es otro de los países donde la destrucción de los bosques causa estragos. La falta de control en el norte, en concreto en el distrito de Mueda, en el que trabaja Alianza, favorece la incursión de rebeldes y empresas madereras.

Acciones para mejorar la autonomía económica de las comunidades

Desde Alianza por la Solidaridad-ActionAid se promueve la puesta en marcha de proyectos para la gestión sostenible de los bosques. Es fundamental apoyar a las comunidades locales que viven en las zonas tropicales del planeta para que puedan defenderse de este expolio y cuenten con recursos suficientes hacer frente a una deforestación que les genera más pobreza.

Tanto en Colombia como en África, se están poniendo en marcha acciones que se centran en mejorar la autonomía económica de las personas, especialmente de las mujeres, a través de la agroecología, la apicultura, etcétera, así como el fortalecimiento de organizaciones locales y las comunidades afectadas. Iniciativas en las que las comunidades, a través de sus representantes locales, participan en su diseño según sus saberes y prácticas culturales y que incorporan a las mujeres, en paridad, en todas las acciones.

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