conflictos armados, Rohingya

La violencia en América Latina y Oriente Próximo genera graves impactos ambientales

El acceso y la distribución de agua, la degradación de la tierra, las inundaciones y la contaminación, además de la competencia por los recursos del subsuelo, están exacerbando las tensiones y provocando conflictos armados en muchas zonas del mundo, sumiendo a las poblaciones afectadas en contextos de violencia en los que se pierden vidas, seguridad y medios de vida.

Hoy, 6 de noviembre se celebra el Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos. Desde Alianza por la Solidaridad-Action Aid hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que cambie la forma en la que se involucra en la gestión de conflictos. Es fundamental que no se obvie la parte ambiental que hay detrás. Además, es necesario poner en marcha acciones encaminadas a la prevención, la alerta temprana y la construcción de la paz. Y resulta esencial hacerlo dando protagonismo a los recursos ambientales.

La explotación de los recursos naturales, causa de al menos el 40% de los conflictos internos

Datos de Naciones Unidas señalan que al menos el 40% de los conflictos internos registrados en los últimos 60 años han tenido relación con la explotación de los recursos naturales. Debido tanto a su «gran valor», como la madera, los diamantes, el oro, los minerales o el petróleo, como a su escasez, como la tierra fértil y el agua. El riesgo de recaída de este tipo de conflicto por los recursos naturales se duplica con respeto a otros casos.

Resulta fundamental garantizar la preservación del medio ambiente para mantener la paz y consolidarla en muchos territorios. Es imposible que perdure cuando los recursos naturales que sostienen los medios de subsistencia y los ecosistemas son destruidos o acaparados por grupos y/o empresas externas.

Es el caso de Colombia, donde la firma del Acuerdo de Paz de 2016 no ha puesto fin a la violencia. Desde Alianza, tras más de 20 años trabajando con víctimas del conflicto armado en el sur del país, hemos constatado como la disputa por estos recursos –minerales, pero también la propia tierra para cultivos ilegales – dificulta la construcción de la paz. Son proyectos financiados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

La población palestina, víctima de graves problemas ambientales debido al conflicto

También en Oriente Próximo, el conflicto en Palestina está vinculado a graves problemas ambientales que padece la población.  La ocupación israelí está afectando a las capacidades de gestión de los propios recursos y a la rehabilitación de sus infraestructuras básicas.

La planta de depuración del agua ha estado años estropeada, afectando de forma directa a millones de gazatíes. La población no tiene un acceso adecuado al agua potable y la polución de la costa ha aumentado notablemente. Esta contaminación costera, a su vez, ha provocado que la pesca se aleje de la zona, mientras que, por otro lado, se impone un límite al paso de los barcos.

La ocupación, así mismo, restringe el acceso a áreas de cultivo en el entorno del muro de separación con Israel. Esto supone un límite al acceso a la tierra que dificulta las cosechas. Un hecho que denunciamos desde la organización, presente en la zona desde hace más de 25 años. En Alianza, trabajamos en proyectos de apoyo al trabajo y la salud de las mujeres en la Franja, también financiados por la AECID.

La Asamblea General de la ONU declaró este Día Internacional en 2001. Su principal objetivo era visibilizar los impactos ambientales de las guerras. Un día que nos recuerda que unos ecosistemas saludables y unos recursos naturales gestionados de manera sostenible contribuyen a reducir el riesgo de los conflictos armados.

Desde Alianza por la Solidaridad defendemos que si queremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y cumplir la Agenda 2030, los gobiernos deben  actuar con mayor urgencia y coherencia. Deben reducir las amenazas que los conflictos armados representan para el medio ambiente y, en última instancia, para la salud y medios de vida, incluso en escenarios complejos, como el que está viviendo en estos momentos la Humanidad.

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