Ley Trans Bolivia

Victoria del activismo transexual en Bolivia

Podría parecer un cambio simple, pero no lo es. Es un cambio que ha costado años de lucha del activismo transexual en Bolivia y que tiene como campo de batalla algo tan tangible como nuestros cuerpos y tan complejo como nuestras identidades. Es un cambio que ha generado y sigue generando mucha resistencia desde distintas ideologías y fundamentalismos, tanto religiosos como políticos, contrarios a la ampliación de los derechos humanos hacia espacios de autonomía sobre el propio cuerpo y la identidad. Es un cambio que, a pesar de estar garantizado por numerosos tratados de derechos humanos, ha costado mucho esfuerzo y mucha valentía. También es un cambio que facilita, en toda su sencillez, el acceso a muchos otros derechos fundamentales, como el derecho al voto, la educación, la salud, o el empleo. Lejos de ser simple, es un primer paso en un largo camino hacia la igualdad de derechos. Con él, Bolivia se suma a la lista de más de 40 países a nivel mundial que han promulgado leyes de identidad de género bajo diferentes enfoques, siendo ésta una de las más progresistas en América Latina, junto a las de Argentina y Uruguay. Una ley que se destaca por la celeridad de la aplicación del procedimiento y su asequibilidad económica.

A pesar de estos avances en el activismo transexual en Bolivia, queda mucho camino por recorrer aún, tanto en Bolivia como a nivel mundial. Entre 2007 y 2014 se registraron más de 1.700 asesinatos de personas trans en todo el mundo, muchos de ellos de una naturaleza sorprendentemente brutal, incluyendo la tortura y la mutilación. Además, en muchos países, las personas transgénero  siguen siendo criminalizadas simplemente por ser quienes son, como en Malasia, Kuwait y Nigeria, donde “hacerse pasar” por el sexo opuesto está prohibido por ley.

Dignidad

El camino que ha emprendido Bolivia con esta nueva ley es esencial para la afirmación de la dignidad y el valor de todas las personas. La ausencia de un reconocimiento legal, y los derechos y protecciones asociados, convierte cada momento de la vida cotidiana en un posible peligro de violencia y humillación. Hablamos de personas que no han ido a pagar sus recibos al banco durante años, encerradas en casa y pidiendo a alguien cercano que lo hiciese por ellas, para evitar la humillación y la vergüenza de que les preguntasen si efectivamente eran Rocío o María, como decía el documento de identidad, cuando su aspecto y su cuerpo eran de hombre. Hablamos de mujeres que se han visto obligadas a hacer el servicio militar porque su documento de identidad les definía como hombres, y que han sufrido todo tipo de violencia a manos de sus compañeros militares, en una institución profundamente  patriarcal. Hablamos de personas que miran dos veces antes de cruzar la calle, porque un sólo paso en falso puede convertirse en una agresión. Y hablamos, ante todo, del derecho a ser quienes somos, sin etiquetas y definiciones preconcebidas.

Puede ser que el reconocimiento legal de la identidad de género provoque pánico moral en muchos gobiernos y sectores conservadores de la sociedad. Pero para las personas y organizaciones que trabajamos en la defensa de los derechos humanos, ésta es una de las batallas fundamentales del siglo 21, vinculado con el derecho a decidir quiénes somos y quienes queremos ser. Con la aprobación de la Ley De Identidad de Género en Bolivia hemos dado un paso más en el  camino del activismo transexual. Podría parecer un cambio simple, pero os aseguro que no lo es.

Sandra Johansson es experta en derechos sexuales y reproductivos y trabaja en Alianza por la Solidaridad
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