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Día mundial del Agua (22 de marzo)

Lunes, 9 abril 2018
Rosa M Tristán

LAS MUJERES SON EXCLUIDAS DE LA GESTIÓN DEL AGUA: LOS HOMBRES ACAPARAN EL 70% DE LOS COMITÉS DE AGUA EN PAÍSES COMO NICARAGUA

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- Las mujeres gastan cada día, a nivel global, 125 millones de horas en recoger agua para el consumo familiar

-Alianza por la Solidaridad apuesta por iniciativas en el que se reconozca el papel de las mujeres en la gestión del recurso agua como la “Escuela de Lideresas” abierta en Nicaragua

 

Las mujeres y las niñas gastan cada día 125 millones de horas al día en el mundo en la recogida de agua para el consumo familiar, según datos de Naciones Unidas, pero sin embargo son apartadas de los organismos comunitarios que se encargan de su gestión y control. Así lo denuncia, con motivo del Día Mundial del Agua, la organización Alianza por la Solidaridad, que trabaja en proyectos  de agua en diferentes países de América Latina y de África.

 

Se calcula que sólo en América Latina y Caribe hay 36 millones de personas sin acceso al agua en sus viviendas y hasta 106 millones sin acceso a saneamiento, lo que convierte el acceso al agua en unas de las funciones fundamentales en las familias. Alianza por la Solidaridad señala la dificultad de conocer datos fiables sobre la participación de las mujeres, dado que más del 45% de los países no recopilan estadísticas sobre sus recursos hídricos en general con perspectiva de género.

 

En los trabajos desempeñados en diferentes países de América Latina, la organización ha detectado que la presencia de mujeres en las juntas directivas de los comités de agua es inferior al 30%, dado que son los hombres quienes mejor se sitúan como candidatos para estos cargos, aún cuando son ellas quienes cargan con la responsabilidad del suministro de los hogares. Así ocurre en Nicaragua, donde se desarrollan programas de liderazgo de mujeres dentro de la Iniciativa Paraguas de la cooperación española para revertir esta situación.

 

Al ser preguntadas sobre su exclusión, las mujeres arguyen falta de tiempo, pero también mencionan los prejuicios sociales en torno a su supuesta inadecuación para realizar determinadas tareas directivas, en particular las que implican movilidad fuera de la comunidad, interlocución con las instituciones estatales o el abordaje de asuntos técnicos. A ello suman las restricciones, directas e indirectas, explícitas o veladas, que sus maridos o parejas les imponen para que ocupen cargos directivos.  Así, es el hombre el que se siente dueño del sistema de agua potable porque es el titular de la tierra y la vivienda, porque aporta el trabajo para la construcción del sistema y porque el pago del agua se hace con el dinero que él aporta al hogar.  Sin embargo, esto no deja de ser una muestra más de una profunda discriminación que se manifiesta en que la contribución de las mujeres pasa en gran parte desapercibida.

Esta falta de visibilidad es producto de distintas causas y genera diversas consecuencias, ambas directamente ligadas a la discriminación de género dado que las mujeres no sólo participan, si no que lideran las tareas productivas y la construcción de los sistemas de agua.

 

Para revertir esta situación Alianza por la Solidaridad ha abierto en el municipio nicaragüense de Chinandega una ‘Escuela de Lideresas’, junto con otras ONG españolas (Ongawa, Ecodes y Amigos de la Tierra), para capacitar a mujeres líderes pertenecientes a los Comités de Agua Potable y Saneamiento (CAPS).

 

Emilia Casco, tesorera de la Comunidad de Santa Anita (Nicaragua), recuerda que antes “tenían que acarrear del agua de lejos y no era fácil porque el pozo estaba en una loma y había que bajar llevándolo lleno en la cabeza, pero era una labor de las mujeres”. Otra vecina, Johana Lazo, de la comunidad de El Zapote, señala que hace unos meses su rutina diaria era muy dura: “La vida de las mujeres era muy sufrida. Traíamos un bidón en la cabeza y otro en la mano y pasábamos la mitad del día esperando nuestro turno en el pozo. Salíamos a las dos del mediodía y regresábamos a las seis o siete de la tarde”.

 

En dos comunidades del municipio  nicaragüense de Villanueva (Los Genízaros y El Zapote), Alianza por la Solidaridad ha instalado sistemas de agua potable y saneamiento, impulsados por energía solar, que dan servicio a 120 familias. En total, 1.200 personas (800 mujeres y 500 hombres) cuentan ya con agua potable en cantidad y calidad. Griselda Ramírez, vocal del Comité de Agua de Los Genízaros, también recuerda cómo antes tenía que caminar cuatro kilómetros hasta el río para lavar o recoger agua: “Salíamos de noche, a las tres o las cuatro de la mañana para no caminar al  sol. Yo soy profesora de Preescolar y tenía que esperar a que  los niños vinieran de bañarse en pozos o en las montañas donde hay ‘ojos’ de agua. Siempre llegaban tarde a clase. Con el agua en las casas, los niños hoy llegan temprano”. 

 

Tras la puesta en marcha del sistema de agua, Griselda tuvo muchos obstáculos para formar parte de la Junta Directiva del CAPS. “No querían darme responsabilidad por ser mujer, dado que la toma de decisiones se considera masculina”, afirma. Es algo que no ocurría cuando no existía el sistema de agua.

 

Por otro lado, las mujeres no sólo cargan con la responsabilidad de suministrar el agua, sino que también se han consolidado como las principales defensoras de los ríos y las fuentes de agua frente a los megaproyectos de grandes hidroeléctricas o minerías, que amenazan con contaminar el agua o cercar los ríos. Valkiria Castillo, de la comunidad nicaragüense de Mina de Agua, lo sabe bien. Como miembro del CAPS, intentó defender el sistema de agua potable por el que tanto había luchado de la amenaza de una empresa minera. Sin embargo, esta oposición le costó su cargo en la Junta Directiva del CAPS.

 

Para Alianza por la Solidaridad, estas situaciones hacen imprescindibles una perspectiva de género en los proyectos de acceso al agua para promover el acceso igualitario a la tecnología y al conocimiento y que generen espacios compartidos y paritarios.

Alianza por la Solidaridad lleva 32 años en Nicaragua, donde ha puesto en marcha proyectos que han permitido a más de 15.000 personas el acceso al agua potable y saneamiento en la zona del ‘corredor seco’, donde más impacto está teniendo el cambio climático.


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