EU Aid Volunteers: El primer contacto con los proyectos de Alianza en Jordania

“Llegué a este centro en 2011. Mi marido quería casar a mi hija de tan solo 13 años. Me animaron mis vecinas, otras refugiadas sirias, quienes me informaron de la existencia de una ONG que ayudaba a mujeres con los mismos problemas que el mío”.

Estas fueron las palabras con las que nos recibió Asmahan, una de las beneficiarias de los servicios del proyecto de Alianza por la Solidaridad y en Instituto para la Salud Familiar (IFH) en Ajloun, al oeste de Jordania. No podíamos ver su cara, pues estaba cubierta por una tela de gasa negra que solo dejaba ver unos sonrientes ojos negros. Yo sabía que sonreía, aunque no pudiera ver su sonrisa. El contorno fruncido de sus ojos vislumbraba su alegría.

Asmahan y sus amigas estaban contentas, a pesar de las durísimas circunstancias a las que se estaban enfrentando. Todas ellas habían llegado a Jordania huyendo de una guerra que les había cambiado la vida. De repente, se habían quedado sin hogar, estaban lejos de sus familias. Muchas de ellas llegaron solas, completamente desprotegidas. La vida en Jordania tampoco estaba siendo fácil, su estado de refugiadas les había robado muchos de sus derechos. Sus ahorros familiares se habían agotado hacía mucho tiempo y sin un permiso de trabajo que les permitiera trabajar legalmente para alimentar a sus hijos, muchas de ellas se habían visto obligadas a casar a sus pequeñas hijas, todavía niñas. “Una boca menos que alimentar”, se consolaban.

Sin embargo, las hijas de Asmahan corrieron otra suerte. “Zeinab, (ginecóloga) y Doo’a (psicóloga del centro de Ajloun) me ayudaron a explicar a mi marido que no era bueno para la salud de mi hijas casarlas tan jóvenes”, nos contaba Asmahan mientras nos guiaba por todas las habitaciones de la “clínica” donde acudían con sus amigas a los talleres ocupacionales y terapias de las que disfrutaban en el centro. “El siguiente paso es convencer a mi marido de que venga a las sesiones para hombres”, decía Asmahan entre risas, pues venir a la clínica “es cosa de mujeres”.

Sin embargo, las cosas están cambiando y cada vez más hombres acuden a las grupos de apoyo y sensibilización sobre violencia de género que se llevan a cabo en los centros de Alianza por la Solidaridad en Jordania. Y ahí estaba yo, obnubilada escuchando las palabras de Asmahan feliz por saber que había encontrado el mejor trabajo del mundo.

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