La atención a la salud en La Carpa, Colombia

La trocha no era de tierra oscura; pisábamos arena roja. Un desierto australiano de esos que se ven en las películas: completamente roja. Quince minutos tardó el asfalto en desaparecer. Luego fue suelo rojo durante más de dos horasUn camino que se abría ante el bosque de sabana rodeado de arecales, unas palmeras altas y delgadas. Sin alcanzar a verlo, a un costado corría el río Guayabero; al otro, la Serranía de la Lindosa se imponía. Mil doscientos metros cuadrados de pinturas rupestres –también en rojo– dibujadas hace ocho mil años. Partimos de San José del Guaviare con destino a La Carpa, inspección antes ocupada por la extinta guerrilla de las FARC-EP.  

Llegamos a mediodía, era martes. Nos recibió Yurani. Le dicen La Mona. Antes de comenzar la atención de emergencia bajo el Consorcio MAPA almorzamos en el comedor de la residencia en la que ella trabaja y en la que nos alojamos los tres días que duró la misión. 

La Mona nació en La Carpa en 1998.  Tiene una hija de tres años y un hermano de diecisiete con síndrome de Down. El Mono, claro. Los tres participaron de la atención. Antes de ver a la doctora sonreían frente al lente de la cámara. Germán, El Mono, apoyaba su antebrazo sobre el hombro de su hermana y ella sostenía sobre sus piernas a Danna, su hija. Pero justo antes de que el lente se cerrara para capturar el momento, Danna salió corriendo para abrazar su abuela que acababa de llegar. La Mona no dejó de sonreír

Protección jurídica atención en salud física, mental y nutricional en la carpa

Entraron a la atención. En La Carpa se realizaron actividades de protección jurídica, atención en salud física, mental y nutricional, además de espacios protectores con niños y niñas del colegio. 

Salieron del consultorio con la tranquilidad de que todos estaban en buena salud. Danna tendría que tomar unas vitaminas. Micronutrientes, dijo Yurani, una porción al día. Antes de volver a la residencia le pidió a Germancho que fuera por agua a la tienda. Con un sharpie negro le escribió en su mano Dos Bolsas de 500. En la tienda ya conocen la rutina. El Mono regresó con el agua y le entregó las vueltas a su hermana. Luego quiso que le tomaran una foto, pero solo a él. 

Yurani volvió a la residencia. Durante la semana, su trabajo consistiría en preparar la comida para el equipo del Consorcio MAPA. La siguiente semana buscaría algo más. Su esposo también trabaja en lo que le salga. Por esos días limpiaba una plantación de cacao y solo lo veríamos en la noche, mientras había luz. 

En La Carpa hay energía eléctrica entre la seis de la tarde y las diez de la noche. El tiempo justo para cargar celulares y ver la novela. Aunque hay épocas en las que no hay luz porque la comunidad no alcanza a recoger el dinero suficiente para pagar el combustible de la planta. Todo esto lo contaba La Mona la noche de un martes de febrero de 2020 en el comedor de la residencia. Contaba cómo la vereda estuvo todo un año sin un médico y con muy pocos medicamentos, una situación que ha cambiado gracias al Consorcio MAPA 

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