Los impactos del COVID-19 en la región de Kolda, Senegal. ¿Cómo ha afectado a la población beneficiaria?

A finales de mayo, nuestra voluntaria de comunicación en Senegal de la iniciativa Eu Aid Volunteers, Debora Lucque, entrevistó al personal del Foro para un Desarrollo Sostenible y Endógeno (FODDE son sus siglas en francés), organización socia de Alianza por la Solidaridad en la región senegalesa de Kolda. El COVID19 ha tenido gran impacto en los proyectos en curso en la región, sobre la población beneficiaria y sobre las estrategias de adaptación establecidas.

Mame Diopp, responsable de Género y Servicios Sociales Básicos, nos cuenta qué consecuencias ha tenido y está teniendo la pandemia sobre las mujeres productoras, beneficiarias directas de los proyectos llevados a cabo por Alianza por la Solidaridad en colaboración con FODDE.

Mame, ¿podrías contarnos cómo el COVID afectó a las actividades actividades con las mujeres?

En cuanto a la cuestión de las mujeres, FODDE y Alianza por la Solidaridad llevan a cabo desde hace años una labor de acompañamiento en varios ámbitos. A saber, el empoderamiento económico, el empoderamiento político y la lucha contra la violencia. Yo me ocupo principalmente de eso.

En lo que respecta al empoderamiento económico, el apoyo se realiza mediante la creación de actividades que producen ingresos. Se trata de actividades que giran en torno a la agricultura, la horticultura y la ganadería. Además, está la cuestión del refuerzo de capacidades.

Ahora bien, la llegada del COVID casi nos ha bloqueado. Las granjas familiares estaban en plena producción y apenas estábamos empezando la fase de comercialización de productos hortícolas. Sin embargo, a raíz de la decisión del Gobierno de prohibir los desplazamientos, tuvimos que dejar por un tiempo el acompañamiento presencial en el terreno.

Para las mujeres, la interrupción de los desplazamientos y el cierre de los mercados ha supuesto muchos problemas, ya que su producción iba a ser vendida en los mercados. En la mayoría de los casos, la imposibilidad de transportar la producción a los mercados y, por tanto, la no comercialización de los productos ha causado pérdidas importantes en términos de ingresos. En caso de que haya habido una oportunidad de comercialización, estas mujeres se han visto obligadas a vender a precios no interesantes. Se puede mencionar, por ejemplo, el caso de la cebolla: este año, las mujeres han tenido una producción abundante de la cebolla, pero su comercialización ha sido casi inexistente.

En tiempos normales, son las mujeres quienes se mueven para vender los productos en los mercados utilizando el transporte público. Sin embargo, debido al COVID y a la prohibición de viajar, las mujeres o no pudieron moverse o tuvieron que dejar a los hombres – que tienen motocicletas y bicicletas – su producción para venderla a los mercados. Tomemos siempre el ejemplo de la cebolla, el precio de la cebolla en tiempo normal varía entre 400 y 500 CFAS por kilo. Debido a la pandemia, el precio bajó a 200 300 CFAS. ¿El resultado? Las mujeres no podían controlar el precio de venta. Como resultado, han perdido mucho. Hay que recordar que la venta de productos hortícolas es muy importante para estas mujeres porque lo que ganan a través de la venta es un ingreso que utilizan para sobrevivir, para responder a sus necesidades y a las de la familia.

Y ahora, ¿qué va a pasar?

A pesar de que ahora el gobierno ha decidido reabrir los mercados semanales (los horarios de apertura han cambiado ligeramente), todavía hay límites establecidos por la prohibición de viajar. El transporte público aún no se ha reanudado. Y esto tiene un fuerte impacto también en la afluencia de mercados, que está disminuyendo.

En cuanto a la cuestión de la violencia contra las mujeres, ¿qué has notado durante este tiempo?

Hemos notado que el COVID-19 está provocando un retorno a la pobreza en las mujeres y a su dependencia de los hombres. Como no pueden vender, no tienen ingresos. Esto les obliga a dirigirse a los hombres y pedirles el dinero necesario para los gastos cotidianos (jabón, mantenimiento de los niños, alimentación…). Antes, los ingresos les permitían hacerse cargo al 100% de estos gastos. Realmente habían empezado a ser autosuficientes con respeto de los hombres. Se ocupaban de todo: ropa, aseo, escolarización y cuidado de los niños, confort en el hogar, alimentación. ¡Consiguieron incluso ahorrar para desarrollar otras actividades como la ganadería o la compra de material agrícola!

En efecto, habíamos establecido un sistema de ahorro local en cada aldea. Cuando comercializan, ellas tienen la posibilidad de guardar un poco de dinero al mes y cada 6 meses lo comparten. A través de lo que han ahorrado pueden tener mucho dinero ya sea para comprar los materiales agrícolas, los animales (ovejas, cabras, burros) o para pedir prestado para actividades de pequeño comercio, y reforzar las actividades generadoras de ingresos. Todo esto se ha visto obligado a parar.

Como resultado, todas las mañanas tienen que pedir dinero a los maridos. Y esto plantea grandes conflictos en los hogares. Hemos notado que el confinamiento en combinación con la interrupción de sus ingresos, ha traído como consecuencia la violencia. Hay un aumento de la violencia en la familia. Los conflictos aumentan no sólo entre el marido y su esposa, sino también entre el marido y los hijos. Las tensiones han vuelto.

¿Qué estrategias están creando para resolver estos problemas?

Ante todo, hay que ayudar a las mujeres a comprar las semillas de cereal y los abonos orgánicos y a tener mano de obra. Las mujeres pagan a los hombres por trabajar en los campos. Ellas hacen el cultivo del arroz, el cacahuete y el cultivo del huerto durante el invierno. Hay que acompañarlas o corren el riesgo de no producir este año y será un desastre el próximo año.

Es cierto que el Estado da los insumos, pero siempre se piensa que hay que darlos a los jefes de familia. Es raro que las mujeres sean jefas de hogar. Y los hombres piensan sobre todo en sus arrozales. Las mujeres son relegadas al segundo plano. Es por eso que luchamos para acompañarlas a tener los insumos y que sean autónomas.

FODDE ha creado una red de mujeres productoras (ROPROCAS), las organizaciones de mujeres han sido federalizadas. A través de esta red, FODDE facilita el acceso a las semillas, pone a las mujeres en contacto con los proveedores de semillas (arroz, mandioca, niebe, tubérculo) y los abonos. La mayoría de las veces las mujeres no conocen el mercado y, por tanto, se ven obligadas a confiar en los hombres para obtener las semillas que necesitan.

Nuestra prioridad es poner los fertilizantes/semillas a disposición de las mujeres y al mismo tiempo darles kits alimenticios. Las mujeres son los graneros de las familias, son ellas las que alimentan a las familias. Es necesario entonces ayudarlas a reanudar la producción y a recuperarse también con la comercialización.

¿Y qué medidas se van a tomar con respecto a la violencia?

FODDE está en asociación con la Asociación de Juristas Senegalesas que nos ayuda con la sensibilización, sobre todo con los hombres. El objetivo es hacerles comprender que esta es una situación extraordinaria no prevista y que antes las mujeres contribuían a hacerse cargo de los gastos, eran autónomas. Pero ahora que es más difícil, hay que reorganizar los hogares y ayudarse mutuamente.

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