Murales y ‘artivismo’ contra los tabúes sociales del aborto en Bolivia

Mi primera experiencia con el arte urbano como herramienta de «artivismo», en concreto con el muralismo, ha sido en Bolivia. He tenido la oportunidad de documentar audiovisualmente dos talleres de muralismo en Pucarani y en Quillacollo, dos municipios bolivianos, como parte de la Campaña #SinRiesgo. Ha sido una experiencia muy enriquecedora que ha supuesto el hallazgo de una forma de expresión que desconocía, descubriendo así su técnica, sus procesos y sobre todo su carácter público: su capacidad de llegar a las personas y a interpelarlas, a no dejarlas indiferentes ante lo que ven. Ahí reside su fuerza y su alcance.

La campaña #SinRiesgo, que comenzó en 2016, busca despenalizar socialmente el aborto, es decir, romper tabúes, vergüenzas y condenas sociales sobre el debate del derecho al aborto y los riesgos que implica que las mujeres se vean obligadas a realizarse abortos en condiciones de clandestinidad e inseguridad porque éste no es legal.

Es el segundo año que se realizan estos talleres de muralismo, este año durante el mes de abril. Los dos talleres de este año han sido muy diferentes por el perfil de los participantes. En Pucarani han participado estudiantes de arte o interesados en el muralismo que, además, en su mayoría estaban muy comprometidos con los derechos de las mujeres. Con todos y todas he respirado el compromiso con la actividad y con el objetivo de la campaña a favor de la despenalización del aborto en Bolivia. También me he sentido acogida y como una más en el grupo, algo de lo que estoy muy agradecida.

IMG_5093En Quillacollo los participantes han sido alumnos y alumnas de secundaria, en su mayoría menores de edad que hasta ahora han tenido poco contacto con la realidad sobre la situación de las mujeres ante el aborto en Bolivia. Me ha encantado su alegría y su dedicación, y el compromiso de los padres y educadores para facilitar el desarrollo de la ejecución del mural en la calle.

Cada taller, en su contexto propio, ha sido para mí un acercamiento a personas con diferentes intereses, con diferentes mentalidades y diferentes circunstancias, pero que han tenido en común la energía positiva para poner en marcha desde cero unos murales bellísimos, con todo lo que hay detrás: debates y diálogos sobre derechos, sobre el arte como herramienta de activismo, y sobre el derecho a decidir de las mujeres. Y todo esto con Knorke Leaf, artista muralista y activista, que con maestría les ha guiado por el proceso de creatividad hasta llegar al concepto de cada mural, donde cada persona ha aportado para construir de manera colectiva, y así transmitir una idea por medio de la pintura.

Para mí ha sido una experiencia y un privilegio ser testigo de la evolución de los dos talleres y de formar parte de un equipo que se ha dejado la piel  para que todo llegue a buen término y que el mensaje de la campaña llegue a un mayor número de personas, y todo sin perder nunca la sonrisa.

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