Refugiadas sirias en Jordania nos abren las puertas de sus hogares y sus vidas

Lunes, 18 septiembre 2017
Laura C. Rioja

«Nos estamos enfrentando a la peor crisis de refugiados desde la II Guerra Mundial» (ACNUR 2015). Desde el inicio de la guerra en Siria, millones de personas que han perdido todo se han visto forzadas a desplazarse buscando una comunidad de acogida. Familias enteras que intentan luchar por un futuro mejor, dejando atrás la pesadilla de la guerra.

2017_Jerash - 7

Jordania, país vecino de Siria, es un actor clave en esta crisis humanitaria y acoge a miles de refugiados desde los inicios de la guerra.  El 1 de agosto de 2016, ACNUR tenía registradas en el país a 657.203 personas refugiadas sirias (aunque se estima que la cifra real rondar la cifra de 1.200.000 personas refugiadas). De ellas, más de 141.227 (un 22%) viven en tres campos de refugiados donde tienen acceso a programas de remuneración a cambio de trabajo, educación, servicios de salud, agua y comida proporcionados por Naciones Unidas y por organizaciones nacionales e internacionales. Sin embargo, más del 80% de las personas refugiadas (incluyendo las no registradas en ACNUR) reside fuera de los mismos, en áreas urbanas o asentamientos informales en zonas rurales (como Jerash y Ajloun), donde la mayoría vive por debajo del umbral de pobreza jordano y afronta obstáculos cada vez mayores para acceder a una vivienda, a un empleo y a los servicios públicos, incluida la atención médica.

Las mujeres son doblemente víctimas. Una de cada tres refugiadas sirias en Jordania o Líbano, sufren o han sufrido violencia de género, agresiones que han aumentado desde que dejaron su país debido a la guerra. Así lo refleja un estudio realizado por Alianza por la Solidaridad entre refugiadas en Jordania y Líbano. De ellas, un 10% denuncia que ha sufrido agresiones sexuales y cerca de otro 10% (el 9,6%) que ha sido agredida físicamente. Por otra parte, también destaca el alto índice de natalidad: más del 45% de las refugiadas sirias ha tenido un embarazo desde que dejó su país. Alianza en Jordania afronta la acción humanitaria a través de la protección y la prevención, especialmente de la salud sexual y reproductiva, y de la atención legal a mujeres supervivientes de violencia de género. En esta línea ha formado y sigue formando, gracias a la financiación de AECID, a más de 50 profesionales médicos jordanos en temas de salud sexual y reproductiva y violencia sexual y de género que atienden en dos clínicas de las zonas rurales de Jerash y Ajloun, donde habita gran parte de personas refugiadas sirias no registradas. Además del servicio prestado en las clínicas, a través de las organizaciones comunitarias, se desarrollan actividades recreativas y de cohesión social entre las mujeres.

El equipo de Alianza en Jordania visitó el pasado mes de agosto a tres familias refugiadas sirias en zonas rurales del país.

Wafa tiene 48 años y nos sonríe desde el primer momento. Nos explica que su máximo deseo es volver a Siria: «yo tenía una vida en Damasco, y ahora no tengo nada. Tengo depresión y estoy muy preocupada por el futuro de mis hijas», comenta.

Wafa tiene tres hijas de 13, 16 y 18 años. Separada de su marido, cuida también a su suegra, postrada en un colchón y con una enfermedad crónica y degenerativa. «Mi exmarido sigue ejerciendo un fuerte control sobre mis hijas, quiere casarlas para recibir una compensación. Yo me niego, esa preocupación no me deja dormir. No quiero que sufran lo que yo sufrí. Para mí es muy importante poder acudir a las actividades recreativas de las clínicas, pero es todavía más importante que mis hijas lo hagan para que se relacionen con otras jóvenes», afirma.

2017_Jerash - 11Samaer ha preparado café para recibirnos. Una muestra más de la enorme solidaridad de los que menos tienen. También quiere regresar a Siria, y se le ilumina la mirada cuando recuerda su país. A su lado está su hija Fatema, de 9 años y con parálisis cerebral por parto prematuro sin asistencia médica. «Lo poco que entra en casa es para la pequeña. Necesita medicinas a diario, y son muy caras. Mi hijo de 19 años ha tenido que dejar los estudios y ponerse a trabajar para ayudar a su hermana. Está triste, como todos en esta casa». Nos cuenta que las actividades que se dan en las clínicas de Alianza son sumamente positivas, aunque le gustaría poder ir más a menudo, pero no tiene con quién dejar a la niña.

En el sexto año de guerra, la situación de la población refugiada es cada vez más crítica; y no solo por la incapacidad del Gobierno jordano y de las grandes organizaciones internacionales para atender sus necesidades, sino también porque el número de refugiados y refugiadas y sus nacionalidades va en aumento debido a que la crisis siria continúa y a que siguen apareciendo otros focos de tensión en la región (yemenitas, egipcios e iraquíes están empezando a llegar a Jordania en número creciente), mientras que los fondos para la ayuda internacional son cada vez más limitados.

2017_Ajloun - 16La visita acaba en el lugar de Nada. Es la primera que nos recibe con toda su familia, incluido su marido. «Somos muchos –ríe–, tuvimos muchas niñas hasta lograr tener un varón». Las pequeñas tienen 3, 5, 6 y 8; el bebé nació hace apenas 15 días. Recuerda su último embarazo como una experiencia muy buena porque acudió a una de las clínicas de Alianza y recibió cuidados durante el embarazo y en el posparto. Nada, una joven pero con el rostro marcado por demasiadas pesadillas, es dicharachera, habla rápido y nos cuenta sin reparos su vida en Siria: «Tenía una vida social muy activa, muchas amigas. Aquí, sin embargo, tenemos que estar todo el día en casa», recuerda con nostalgia… Para despedirnos, nos piden una foto. Todas las niñas posan sonrientes. Todas menos una. Tiene solo seis años, no puede dormir ni relacionarse bien con sus hermanas por el estrés postraumático de la guerra.

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