Responder a los prejuicios sobre las migraciones

Martes, 15 octubre 2013

petitguide

“Petit guide de survie pour répondre aux préjugés sur les migrations” es una guía publicada por Ritimo, una red francesa que agrupa organizaciones que tienen en común un proyecto de movilización ciudadana para la solidaridad internacional. “Responder a los prejuicios sobre la migración”, es un conjunto de capítulos cortos y directos acompañados de datos, estadísticas contrastadas e ilustraciones en clave de humor que desmontan los estigmas y prejuicios que se encuentran en nuestro imaginario social.

Aunque editada en Francia, esta guía cita diez prejuicios habituales sobre la migración que se adaptan igualmente a la realidad española: no podemos recibir toda la miseria del mundo, ¡es una invasión!, ellos se aprovechan de las ayudas, la inmigración refuerza el paro y la crisis, los inmigrantes amenazan nuestra seguridad…

El objetivo de la guía es deconstruir estos prejuicios que se han ido afianzando en las sociedades europeas en gran medida gracias a los medios de comunicación, que a menudo dan un tratamiento superficial y poco riguroso al tema de las migraciones, o utilizan un lenguaje incorrecto que desinforma (‘avalancha e invasión de inmigrantes’) o deshumaniza a sus protagonistas (‘sinpapeles’ o ‘ilegales’ para referirse a las personas migrantes).

Tras unos años de bonanza económica, desde el inicio de la crisis aumenta en nuestras sociedades la percepción de las personas migrantes como los “otros”: se les ve, y a menudo se les presenta, como una amenaza, cuando suponen una oportunidad, aunque sólo hablemos en términos económicos.

Se les acusa de llegar para quitar los puestos de trabajo, mientras está demostrado que las personas migrantes consumen y aumentan la demanda de bienes y servicios (y por tanto los empleos vinculados), siendo a menudo creadores de empleo y empresas que dinamizan la economía. Al respecto, la guía recomienda el libro “La inmigración cuesta caro a Francia” (de los economistas Xavier Chojnicki y Lionel Ragot), que demuestra que cualquier argumento económico  no se opone seriamente a una política migratoria más abierta.

A las personas migrantes también se les acusa de ocupar las plazas del colegio de sus hijos y de acaparar las subvenciones del Estado. Al respecto, la guía desmonta la idea de que las mujeres migrantes tengan hijos simplemente para vivir de los subsidios, y demuestra que son tanto las familias numerosas francesas como extranjeras quienes reciben los subsidios familiares. Además, lo que invierte una familia, migrante o no, en educación de sus hijos e hijas, es siempre mucho mayor que el importe de los subsidios recibidos, lo que en términos económicos estaría dejando un “beneficio neto” también en esta partida. En cuanto a las subvenciones, las personas migrantes pagan más de 60.000 millones al año de cotizaciones sociales e impuestos (datos de Francia, pero extrapolables a nuestro contexto) y son la mayor fuente de financiación del desarrollo a través de las remesas: tan sólo en 2010 aportaron 325.000 millones de dólares a sus países de origen.

En cuanto al prejuicio de que hacen bajar los salarios porque están dispuestas a trabajar por un salario menor al establecido, la reflexión debería dirigirse hacia los empresarios sin escrúpulos que explotan a las personas más necesitadas, haciéndoles trabajar en condiciones precarias, por salarios indignos y eludiendo la formalización de un contrato laboral, con sus consecuencias de desprotección para la o el trabajador y de fraude fiscal en forma de impuestos que (ellos sí!) dejan de aportar a las arcas públicas.

Uno de los prejuicios más habituales hacia las personas migrantes es que traen sus costumbres y no son capaces de adaptarse a la sociedad de acogida. Dejando aparte el hecho de que quien habla así suele entender “adaptación” como sinónimo de “asimilación”, la riqueza y la diversidad cultural que proporciona la convivencia y el intercambio entre personas de distintos orígenes sólo puede suponer una oportunidad única de enriquecimiento para la sociedad que las acoge.

Todos estos prejuicios obvian el hecho de que la migración no es un fenómeno nuevo sino tan antiguo como la humanidad, y que enriqueció económica y socio-culturalmente a todas las civilizaciones: la Historia demuestra que aquellas que se cerraron al intercambio y a las migraciones languidecieron y entraron en decadencia.

Porque, cuando se realiza voluntariamente, la movilidad es un impulso humano esencial. Como lo es el de supervivencia, que está detrás de las razones que empujan a millones de personas cada día a migrar en busca de una vida mejor.

Lampedusa es una tragedia diaria. La valla de Melilla o el paso del Estrecho son dramas también cotidianos. Más allá de la consternación (incomprensible) y de los discursos huecos de sus responsables políticos, que implementan medidas de cierre de fronteras y “de seguridad” en vez de medidas que favorezcan la migración legal y el derecho humano a la libertad de circulación,  todos estos dramas humanos se podrían evitar con voluntad política.

El viernes 4 el primer ministro de Italia, Enrico Letta, decidió dar la nacionalidad a los cientos de personas fallecidas en este naufragio en Lampedusa, mientras a las supervivientes les condenaba a una multa y a la expulsión del país. Parece una broma de mal gusto, pero es la cruel realidad que enfrentan a diario quienes arriban a las costas de la fortaleza europea por cauces irregulares: deportaciones automáticas que vulneran las leyes de asilo y las convenciones internacionales, internamientos en cárceles para inmigrantes,  en condiciones incompatibles con la dignidad humana, persecuciones y redadas racistas, criminalización de las personas por una situación administrativa irregular, prejuicios de una sociedad como los mencionados en la guía que abría estas líneas….

Estas políticas migratorias represivas que imponen quienes se echaban las manos a la cabeza de cara a la galería tras el naufragio de Lampedusa, vulneran los derechos humanos y perpetúan estas tragedias, en un contexto de globalización que elimina barreras económicas y promueve la libre circulación de mercancías y los tratados de libre comercio, mientras restringe la libre circulación de personas.

Desde Alianza por la solidaridad recomendamos a quienes ostentan la responsabilidad política, y a quienes ocupan cargos competentes en materia de migración, que lean esta guía, reconstruyan su visión miope respecto a las migraciones y apuesten por la solidaridad, la convivencia y el intercambio entre los pueblos.

Mientras se deciden a leer esta guía, desde la sociedad civil seguiremos vigilantes y exigiendo sociedades multiculturales, diversas, sin fronteras, libres, democráticas y participativas para hacer realidad la aspiración de una ciudadanía global.

 


4 Respuestas a “Responder a los prejuicios sobre las migraciones”

  1. migrante dice:

    Que bien por este manual, esperemos que así se acabe o disminuya un poco la ignorancia sobre el tema. Cabe destacar que el migrante potencia disciplinas deportivas del país receptor y ayuda a conseguir títulos deportivos en los diferentes deportes. Saludos

  2. Joan dice:

    Me da mucho gusto que trate este tema pero no me queda claro o está mal escrito. “Personas inmigrantes” es una redundancia en este caso, son simplemente “Los inmigrantes” En el caso de los sobrevivientes. ¿Porque solo a las mujeres se les multa y expulsa del pais?, ¿Que pasa con los hombres?, ¿se les lleva a prisión? ¿Cual es su pena? Saludos

    • admin dice:

      Hola Joan! Consideramos que “migrante” es un calificativo que indica una situación puntual de una persona. Como en el caso de “sin-papeles” o “ilegales”, los medios a menudo lo usan como sustantivo, obviando todas las demás características de esa persona. Por eso utilizamos la fórmula “persona migrante”, igual que decimos “personas en situación de pobreza o desempleo”, ya que aunque pueda parecer redundancia, es una manera de resaltar precisamente que estas poblaciones son, por encima de todo, personas. Un abrazo y gracias por tu comentario!

      • Joan dice:

        Gracias por tu respuesta. Pero no se puede hablar de “personas ilegales” por que es una contradicción en sí misma y es caer en el estereotipo que se combate, tampoco se puede usar “situación de pobreza” como sustantivo obviamente. No se contradice “personas inmgrantes” pero si redunda y se hace incómodo al intelecto del lector ya que el “inmigrante” si puede ser un sustantivo sin connotación peyorativa. Ya sabemos que estamos hablando de personas.
        Repito la segunda pregunta ya que no me la has contestado: En el caso de los sobrevivientes. ¿Porque solo a las mujeres se les multa y expulsa del pais?, ¿Que pasa con los hombres?, ¿se les lleva a prisión? ¿Cual es su pena?
        Perdona que pregunte todo esto pero creo que el árticulo es de fondo interesante pero pero confunde por la redacción. Saludos

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