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Milagros Guevara, tras la pancarta del agua en El Salvador

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“No llueve como antes y los nacimientos de los ríos no nos traen tanta agua como yo recuerdo que ocurría cuando vine a vivir a esta zona. Fíjese cómo baja el río, casi sin agua y encima contaminada. Por eso no vamos a permitir que nos la privaticen; a las mujeres de Nejapa no nos callarán”. Milagros Guevara tiene 65 años. Vive en un cantón agrícola, no lejos de la capital de El Salvador, llamado Tutultepeque. Allí se ha convertido, en los últimos años, en una de las principales activistas en defensa de un recurso por el que siempre tuvo que trabajar muy duro.

“Desde siempre tuve que ir al pozo que hay junto al río Acelhuate a por agua y cargar con ella hasta casa. Ahora, ese agua nos genera enfermedades en la piel y diarreas, porque el pozo está junto al cauce sucio y casi seco, así que sólo nos queda la de los acuíferos y no podemos permitir que lo exploten grandes multinacionales como Coca Cola porque nos quedaremos secos”, afirma.

Milagros vive con un hijo en una sencilla casa de campo dentro de una desperdigada comunidad campesina. De las que no tienen cimientos y se puede llevar el viento. Al lado, un gallinero con unas cuantas aves le ayudan a sobrevivir, con lo poco que gana su hijo en el campo.

A pesar del duro trabajo cotidiano, esta mujer menuda y fuerte reconoce que siempre fue ‘peleona’, así que cuando se enteró de que una embotelladora de Coca Cola quería ampliar la explotación de las aguas subterráneas del municipio de Nejapa, al que pertenece su comunidad, salió de casa para participar en la campaña que Alianza por la Solidaridad y el Foro del Agua de El Salvador pusieron en marcha.

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El agua hace tiempo que es un problema en un país que era de los más lluviosos de Centroamérica. Hoy, no sólo es de los que tienen más déficit ecológico de toda Latinoamérica, sino también uno de los de menor desarrollo humano. Dependiente totalmente del sector agrícola, todos los informes señalan que el fenómeno de El Niño, que le afecta directamente, está variando debido al cambio climático, prolongando la época seca y aumentando las temperaturas. Se estima que su producción agrícola caerá hasta un 40% para 2050.  Otros mencionan que las lluvias dentro de sus fronteras se reducirán entre el 18% y el 40%.

Pese a no tener estudios, ni conocer estos datos, Milagros Guevara ve que su río Acelhuate ya arrastra más plásticos que agua. Y que huele a podrido. También comprueba que la producción del maíz y el arroz, básicos en su comida, baja en el pequeño pedazo de tierra que su hijo cultiva en arriendo.  Y, por si fuera poco, cada año observa que las tormentas son menos en número para más fuertes y hay deslizamientos de tierras que, asegura, le traen a la cabeza el desastre del huracán Mitch, allá por 1988. “Otro igual y desaparecemos”, afirma. Igual no, pero muchos si porque en los últimos años han pasado por El Salvador el huracán Stand, y luego Irma, y el año pasado la tormenta tropical Michael.

«Tener agua es tener vida»

Por todo ello, pensar en quedarse sin agua en el grifo que tanto tardó en conseguir, impulsó a Milagros a manifestarse detrás de una pancarta y alzar su voz. “Tener agua es tener vida; no podíamos permitir que se la quedara la embotelladora Industrias La Constancia. Si nos secan el acuífero, y ya no se recarga como antes, ¿qué íbamos a beber? Además, no me olvido qué aún hay 60 familias que siguen yendo al pozo y también a lavar al sucio río”.

Las movilizaciones en Nejapa, convocadas por el Foro del Agua, fueron acompañadas por Alianza por la Solidaridad desde España con una campaña mediática y de recogida de firmas a nivel internacional que logró más de 15.500 adhesiones. Se pedía a la multinacional que abandonara una extracción de agua que iba a afectar a 30.000 personas, según una investigación de la ONG. Finalmente, en 2016 se logró el objetivo y Coca Cola renunció a aumentar la explotación del acuífero.

“Fue una lucha de las mujeres, porque somos nosotras las que vamos a lavar, a buscar agua con los hijos a cuestas. A mi no me da ningún miedo pelear por lo que considero justo. Y lo seguiré haciendo. Lo que me molesta es la gente cómoda que se queda esperando a que le caiga el agua, sin luchar por su derecho”.

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Por ello, en las protestas en San Salvador por una Ley de Agua es la primera que azuza a hombres y mujeres para que no se la dejan arrebatar, ahora que está en riesgo que el suministro siga dependiendo del sector público. “Si todo el pueblo o al menos uno por familia se movilizara, nos escucharían. Por eso hay que salir de casa y protestar. No hay que conformarse con lo malo. Ahora, no hay agua potable disponible ni hay dinero para comprar agua, así que la gestión no puede ser de una empresa que busque beneficio. No puede ser que se la lleven las empresas sin dejar nada a cambio, porque cada día va a ser más escasa”, señala Milagros.

Y como colofón, cuenta que el gallinero que cuida también es otro proyecto social el que participa. Ha involucrado a unas 20 mujeres de su comunidad para que se organicen y, con ayuda internacional, han conseguido fondos para la construcción, comederos, una incubadora y unos cuantos pollos, que cuidan por turnos. “¿Ven? Nosotras aquí no tenemos nada que contamine el aire, pero nos cuentan nuestra escasez de agua tiene que ver con lo que hacen en sus países ricos”, concluye Milagros.


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