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Fitanise y Christine, sobrevivir entre huracanes y sequías

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Fitanise, madre de cuatro hijos, vivía en un paraíso. Cada fin de semana, llegaban turistas  Así era la costa de Aux Abricots, en Haití, antes de que el huracán Matthew azotara el país, en 2016, atravesándolo como una daga. Hasta al aldea pesquera en la que vive la familia ya sabían de tormentas y huracanes, pero aquel día superó con creces lo que guardaba su memoria.

“Todo quedó destruido. Como un campo de batalla, y así sigue.  El tejado de mi casa aquella noche salió volando, el campo de cultivo del que vivíamos arrasado”, recuerda Fitanise. Pero Matthew fue la gota que colmó el vaso. Antes de aquella destrucción, habían padecido una larga sequía. “Nos quedamos sin nada, así que tuve que dejar a mis hijos en Axu Abricots e irme a trabajar a la ciudad, Jérémie, a lavar ropa de la gente para tener unos gourdas y darles de comer”, explica .

Haití es hoy uno de los países más vulnerables del planeta al cambio climático. Su situación geográfica, la prácticamente total deforestación del territorio nacional, una situación política inestable, con una sucesión de gobiernos corruptos, y una endémica pobreza, favorecida por todo lo anterior, hace que sus 10 millones de habitantes estén entre los más expuestos a sufrir con dureza fenómenos extremos cuyas causas, las emisiones contaminantes, se generan a miles de kilómetros de distancia. El desastre en la gestión de sus recursos naturales no hace sino empeorar la situación. Sólo el Matthew causó 48.00 heridos en el país y pérdidas por valor estimado de 10.000 millones de euros. Y ¿quién los asume?

Fitanise escuchó un día que la organización local KPGA y Action Aid iban a distribuir semillas y pensó que, quizás, era la ocasión para poder regresar a su casa, con los suyos. Y lo hizo. Fue una de las 58.000 personas que participaron en programas gracias a los cuales se distribuyeron alimentos, agua y ‘kits’ para la prevención del cólera, dinero a cambio de necesarios trabajos comunitarios y también ayudas para la agricultura y formación en derechos y protección de las mujeres. También Alianza por la Solidaridad, de la misma federación, distribuyó ayuda humanitaria y medios de vida a decenas de miles de personas.

Fitanise tiene suerte y ha conseguido mantener su pequeño pedazo de tierra vivo. “Aunque he estado lavando tanto la ropa que comencé a tener calambres estomacales, ahora estoy feliz de tener los frijoles y verduras para plantar y espero cosechar mi jardín en tres meses para tener ingresos y poder estar cerca de mis hijos. Estoy muy agradecido con KPGA y ActionAid porque no sé dónde habría encontrado dinero para comprar láminas de metal para poder volver a construir mi casa y semillas para plantar«.

Sequía e inundaciones en la comunidad Vallue

Siguiendo hacia el este de Haití, en otra comunidad llamada Vallue, hace unos años que su problema es que ya no saben cuándo llueve. La estación seca tiende a durar más y cuando llueve lo hace torrencialmente, causando más daños que beneficios. Así pasó en 2018, cuando la lluvia de abril llegó en julio y ser perdieron las cosechas. Las familias no pudieron prepararse para la siguiente siembra mientras las semillas subían hasta a 4 euros por maceta, una fortuna en un país con una renta mensual per cápita de 72 dólares (66 euros). Se calcula que más del 35% de la población de Haití necesita en estos momentos ayuda alimentaria.

Christine es de Vallue. Tiene tres hijos y un  esposo, con los que comparte una pequeña granja. “Me gusta cultivar y luego ir a vender las coles, zanahorias, frijoles o el maíz a los mercados, pero es terrible cuando se pierde la cosecha, como ocurrió el pasado año. Llovió muy poco, mi cosecha de maíz se quemó y tampoco pude plantar las colas. No sabía donde encontraría dinero para comprar más semillas porque su precio es imposible para nosotros”.

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Christine pudo, finalmente, volver a cultivar gracias a que otra organización local apoyada por Action Aid, llamada APV, le proporcionó plantones de frijoles y el asesoramiento de un agrónomo que le ayudó a instalar un sistema de riego por goteo que le permite proteger el suelo de la sequedad extrema. “Gracias a la ayuda de estas personas he podido tener suficiente comida para vender y poder sacar adelante mis cultivos, aunque seguimos sin saber cuando el agua volverá a causarnos un desastre, ya sea porque no llega o porque llega con tanta fuerza que se lleva todo por delante. Es vivir siempre en el filo y lo que para otros pueden ser pérdidas recuperables, porque no son mucho dinero, para los haitianos son un drama”.


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