La guerra de las mujeres

En situaciones de guerra las mujeres tienen un papel activo y protagonista, que pocas veces se les reconoce. Asumen funciones imprescindibles en el cuidado y el sostenimiento de la vida e, históricamente, han sido fundamentales en la construcción de paz. No deben ser contempladas solo en su papel de víctimas, pero lo cierto es que se enfrentan a riesgos y amenazas específicos que, a menudo, son minusvalorados.

Las perspectivas y necesidades de las mujeres refugiadas y también de las que se quedan en la zona de guerra suelen estar ausentes en los programas de asistencia y protección y las guerras suelen ser narradas desde una perspectiva masculina.

En la guerra de Ucrania, el movimiento de personas refugiadas, uno de los más masivos y rápidos de la historia, está personalizado en las mujeres. Muchas otras permanecerán en Ucrania enfrentándose a desafíos y amenazas más allá de los disparos y las bombas.

Cabezas de familia

En una gran mayoría de los casos, quienes han logrado cruzar las fronteras de Ucrania han quedado a cargo únicamente de las mujeres. Son ellas las que se han responsabilizado de menores, enfermos y ancianos en la huida. También serán ellas las que afronten solas el sostén y cuidado de sus familias en la nueva vida que emprendan en el exilio.

Nada más llegar a los campamentos de refugiados, y pese al agotamiento muchas de ellas, ya manifiestan su voluntad de instalarse en un lugar seguro y buscar la manera de ganarse la vida para sus familias.

Tienen que ocuparse también de los traumas que la guerra y la partida han provocado en muchos de los niños, niñas y adolescentes . Y también deben convivir con la incertidumbre de no volver a ver a los maridos que han dejado atrás.

Es una carga física, psicológica y emocional que requiere del apoyo de programas de asistencia.

Violencia contra las mujeres

Muchas mujeres ucranianas han logrado cruzar la frontera, otras, están de camino y las demás, la mayoría, se han quedado en Ucrania por diferentes razones. Algunas de ellas lo hacen de manera voluntaria, para participar como combatientes, para integrarse en redes de ayuda o para cuidar de los suyos. Otras no tienen manera de salir de localidades sitiadas. Hay, además, una brecha económica: muchas se quedan porque no disponen de los medios de transporte o recursos materiales para costearse el recorrido hacia las fronteras. Lamentablemente, en todos los casos hay un riesgo cierto de violencia hacia las mujeres.

Peligro de trata y tráfico

Las mujeres y los niños y niñas se enfrentan ya al peligro del tráfico sexual y la trata de personas. Autoridades y organizaciones advierten del riesgo de que miembros de redes criminales se aproximen a sus potenciales víctimas con promesas de trabajo y alojamiento. La desorientación de las mujeres recién llegadas puede llevarlas a aceptar esas ofertas. La existencia de estas redes en la región desde hace años acrecienta la amenaza.

Se han registrado ya detenciones de presuntos captadores y lanzado alertas en países fronterizos como Polonia, pero también en países de destino como Alemania.

Por eso, es fundamental que la asistencia a las refugiadas se realice de manera ordenada en el marco de programas aprobados por las autoridades y organizaciones reconocidas. También es imprescindible que se habiliten canales para que las mujeres puedan denunciar y pedir ayuda en caso de caer en esas redes.

Abusos y violencia doméstica

La violencia hacia las mujeres ya era un problema en Ucrania antes de la guerra. Una de cada tres mujeres mayor de 15 años aseguraba, en 2019, haber sufrido algún tipo de violencia física o mental, según el Fondo de Población de Naciones Unidas, y el porcentaje aumentó durante la pandemia y el confinamiento.

Esa situación se agravará previsiblemente con el conflicto armado. En tiempos de guerra y de inestabilidad aumenta la violencia doméstica y también lo hace cuando los combatientes regresan a sus casas.

Cuerpos como armas de guerra

A lo largo de la historia, la violencia sexual se ha empleado en las guerras como un arma más, haciendo de los cuerpos de niñas y mujeres un campo de batalla. Violaciones, esclavitud sexual, embarazos forzosos son terribles formas para minar las fuerzas del bando enemigo durante un conflicto, como se ha documentado una y otra vez en diferentes partes del planeta.

En el caso de Ucrania, ya se había registrado un incremento de la violencia sexual en la región del Donbass, en disputa entre Rusia y Ucrania desde hace años.

Si tenemos en cuenta que en la guerra de Ucrania hay civiles sin formación en las leyes de la guerra interviniendo como combatientes, el riesgo es potencialmente más alto.

80.000 partos bajo las bombas

Durante los primeros días de guerra, fueron noticia las mujeres obligadas a dar a luz en las estaciones de metro y los sótanos donde se refugiaron en Kiev. También dieron la vuelta al mundo las imágenes de las mujeres embarazadas heridas en el ataque a un hospital materno-infantil de Mariúpol.

Hay muchas más. En los próximos tres meses, cerca de 80.000 mujeres parirán en Ucrania; la mayoría, sin atención médica, según los cálculos del Fondo de Población de Naciones Unidas. Los riesgos para las vidas de las madres y sus hijas e hijos son altísimos. Es primordial que cualquier respuesta humanitaria dentro del país tenga en cuenta esta necesidad específica.

«La guerra de las mujeres tiene sus propios colores, sus propios olores, su propia luz y su propia gama de sentimientos. Sus propias palabras. No hay héroes ni hazañas increíbles, simplemente hay personas que se ocupan de hacer cosas inhumanamente humanas». Svetlana Alexievich, escritora bielorrusa y Premio Nobel de Literatura 2015.

 

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