Sanaciones Feministas

Mónica Mendizabal - Coordinadora de programas en Bolivia.

Desde la década de los 90 el feminismo como corriente de pensamiento y de acción política se incorpora en la práctica institucional Boliviana. A partir de ese momento, las intervenciones institucionalizadas y aquellas que nunca pretendieron serlo, se aproximaron a la problemática de violencia contra las mujeres desde diferentes abordajes. Estaban las organizaciones que desarrollaron modelos de prevención y atención a mujeres en situación de violencia y estaban las organizaciones que desarrollaron acciones de prevención comunitaria, promoviendo la identificación de signos en relaciones de enamoramiento en adolescentes y jóvenes.

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Son 23 años que las prácticas institucionales se renuevan, se revisan, recogen otras metodologías pero en su esencia siguen denunciando las diferentes modalidades de violencia que viven las mujeres. Junto a estas modalidades, muchas mujeres han recorrido caminos de sanación, recuperando sus espiritualidades y sus formas culturales.

Podemos afirmar que junto a la realidad de “ser mujer” en Bolivia, muchas de nosotras compartimos la violencia estructural de nuestra constitución como Estado. La redistribución injusta de la riqueza así como las oportunidades diferenciadas por la “marca” de raza, etnia y clase hacen de nuestro país un complejo escenario de exclusiones y discriminaciones que impactan inicialmente nuestros cuerpos para luego afectar nuestro entorno.

Las prácticas anteriormente mencionadas recibieron como denuncias y demandas diferentes “síntomas”. Violencias físicas y sexuales han marcado los cuerpos de mujeres jóvenes y adultas. Muchas de ellas han logrado recorrer caminos de sanación, acompañadas, impulsadas por modelos educativos institucionales. Otras lo hicieron acompañadas de sus creencias, espiritualidades y de sus propias culturas.

En el marco del Convenio “Por el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y una vida libre de violencia” junto al Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, el Centro Wiñay y la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas Originarias Campesinas Bartolina Sisa, después de trabajar procesos de formación, empoderamiento y emancipación con mujeres adolescentes, jóvenes y adultas a partir del año 2010, realizamos el Primer Encuentro de Mujeres Formadas los días 20 y 21 de Noviembre. Fueron 48 mujeres de diferentes edades, jóvenes, adultas y adultas mayores que compartieron las violencias vividas, pero sobre todo compartieron las diferentes formas de sanación que habían recorrido.

Mujeres que habían decidido poner fin a la violencia que vivían en sus vidas, a través de las intervenciones sistemáticas institucionales en procesos de formación colectivo e individual, compartieron las ideas, técnicas y estrategias para detener la violencia.

Mujeres que habían sido entregadas a sus maridos desde temprana edad, compartían su sentimiento y posición de “objeto” aún hasta la fecha. Ellas quisieron recorrer caminos de esperanza y sanación en contacto con sus espiritualidades y el contacto con la naturaleza.

Mujeres que no solo habían vivido violencia sino reproducían la misma en sus hijas, familiares cercanos, realizaron actos de reivindicación, actos de sanación al reconocer no solamente, y de forma conciente, el mal que se habían hecho sino de poner fin a ese proceso doloroso de reproducción de violencia.

De ahí que el Encuentro se convirtió en un proceso de “sanación feminista”, donde ya los espacios institucionales y no institucionales quedaron cortos frente a la fortaleza, motivación y voluntad de las mujeres de no seguir siendo ni objeto de violencia y ni canales de reproducción de la violencia.

De una u otra manera, se ha dado un paso mas allá al reconocimiento de los efectos negativos de la violencia en nuestras vidas… se dio el paso a la sanación, con diferentes formas, métodos pero sobre todo con la voluntad de las mujeres de cortar el ciclo de violencia. Hemos contribuido pro que ahora “si hablamos de sexualidad”, ahora “podemos reconocer cuando vivimos violencia”, ahora “podemos cortar los ciclos de violencia” y finalmente “porque como mujeres ya no queremos sufrir más”. 


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