Cuando el #quedateencasa no es una opción tranquilizadora….

Millones de personas alrededor del mundo tienen que permanecer confinadas en sus casas para combatir el brote de coronavirus.

Sin embargo, para muchas mujeres su propio hogar no es un lugar seguro. El confinamiento ha encerrado, en muchos casos, a las víctimas de violencia de género con sus maltratadores. Estas mujeres enfrentan una doble pandemia: el Covid-19 y la violencia machista.

LOS CONTEXTOS DE CRISIS AUMENTAN LOS RIESGOS DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Según los expertos, una crisis de salud puede exacerbar la violencia de género y la violencia sexual o de género. Desafortunadamente, el confinamiento en el hogar puede generar un terreno fértil para la violencia de género.

El propio secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó el pasado 5 de Abril que «para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor donde deberían estar más seguras, en sus propios hogares. Y por eso hoy hago un nuevo llamamiento por la paz en el hogar, en los hogares de todo el mundo»

LOS DATOS HABLAN POR SI SOLOS

  • En Hubei (China) uno de los epicentros de la pandemia, el número de casos de violencia contra las mujeres se triplicó durante la crisis respecto al año anterior.
  • En Francia, la violencia de género ha aumentado un 36% desde el comienzo del confinamiento, con dos feminicidios incluidos.
  • En Italia, también han alertado las autoridades de un aumento en el número de llamadas a los teléfonos de emergencia especializados.
  • En España, según las fuerzas policiales las llamadas de ayuda al 016 se han incrementado un 18%. Las búsquedas de ayuda on line crecieron desde que comenzó el confinamiento un 286%.
  • Los últimos datos hablan ya de tres feminicidios producidos durante el encierro.

MILLONES DE MUJERES HAN VISTO DESAPARECER LA ‘VENTANA’ DE VIDA QUE TENÍAN 

Es el caso de Milagros, 60 años, vive en un barrio popular de Madrid, Ventas. Ama de casa.

Todos los días salía a comprar y se sentaba en un banco, con su bolsa a medio llenar, a desahogarse y respirar un rato. Así se la encontró una vecina, de 90 años, que descasaba en ‘el banco de Milagros’. Y le contó esta historia.

“Mi marido no me deja llamar por teléfono, ni hablar con nadie. Todo el día insultándome. Diciéndome que no sirvo para nada. A veces se les escapa un golpe. Nada grave, pero duele más por dentro. Y¿adónde voy a ir si es mi casa? Cuando salgo a comprar, me siento en este banco, a respirar en paz un rato, hasta que me llama por el móvil porque dice que tardo mucho. Sin este rato de paz, hablando con cualquiera en este banco, junto al mercado, no lo soportaría”.

Milagros, ya no se sienta en ese banco. Vive noche y día con su maltratador.

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  • Promoviendo campañas de sensibilización y educación por la igualdad que prevenga las situaciones de violencia
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