Barbarie en la frontera europea

Durante los últimos días, hemos sido  testigos directos en Europa del racismo, la brutalidad y falta de humanidad con que se ha gestionado el cierre de la frontera grecoturca.

Miles de personas empobrecidas por la guerra, la violencia, el hambre o la conjunción de todo ello, han quedado atrapadas en la frontera grecoturca y sido víctimas directas de las consecuencias del Acuerdo que hace casi 4 años firmó la UE con Turquía y que muchas organizaciones denunciamos en su momento.

Al mismo tiempo, las islas del Egeo del noreste, que se convirtieron en símbolos de solidaridad hace unos años, están agotadas por el abandono en que la Unión ha dejado a las personas allí confinadas y están dando paso al odio, que ahora prevalece en el discurso público y la práctica.

La tensión observada en los últimos días, ya sea en los lugareños, las personas refugiadas tratando de llegar a las islas, o aquellos que trabajan para las organizaciones que atienden a las y los desplazados, nos recuerda que la violencia es violencia, independientemente de quién la sufra.

En algunos países, como en Grecia, los medios de comunicación han estado cubriendo las noticias de una manera impermeable a la ética periodística, mostrando imágenes del pasado y utilizando discursos de odio que alimentan la creciente tensión contra todos los actos de solidaridad. Varias instalaciones de ONG han sido dañadas y sus equipos humanos están bajo ataque en muchos lugares de Grecia.

El derecho de cada estado a defender sus fronteras no puede ir por delante de su obligación incuestionable de respetar los derechos humanos de todas las personas y en todas las circunstancias. Y más para la Unión Europea, pues sin Derechos Humanos, el proyecto europeo no existiría.

En ActionAid  y Alianza queremos que nuestras instituciones y gobiernos actúen no sólo desde un pragmatismo cortoplacista que tiene un alto coste en vidas humanas, sino desde la legitimidad que le dan nuestros valores democráticos y desde la legalidad internacional que tanto nos costó construir. Por eso, esperamos que tanto las instituciones europeas como el gobierno español, frenen esta barbarie y tomen medidas urgentes para acoger y reubicar los miles de niñ@s, mujeres y hombres que están atrapados en este juego mortal.

 

 

 

 

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