Olena y la doble discriminación

La ropa tendida atraviesa las antiguas aulas, llenas de colchones y mantas. Los dibujos infantiles cuelgan por encima de viejos carteles de anuncios. Un edificio en desuso de la Universidad de Chisinau, la capital de Moldavia, se ha convertido en el hogar de un centenar de personas, entre ellas Olena y su familia.

Las familias gitanas ucranianas

Cuenta que ella y doce familiares, ocho de ellos niños, cruzaron la frontera andando después de sufrir la guerra durante un mes cerca de la ciudad ucraniana de Odesa. Las detonaciones y las bombas siguen sonando en su cabeza y a la mujer de 71 años le cuesta dejar de llorar.

Olena es gitana ucraniana, como todos los demás habitantes del edificio, que carece de comodidades. Agradece mucho la ayuda que proporcionan algunas voluntarias que pasan a verles, pero explica que son las únicas visitas que reciben. Le gustaría recibir apoyo para que, por ejemplo, sus nietos puedan ir al colegio. 

A varios kilómetros de allí, en el centro de convenciones de Chisinau, se ha preparado otro albergue para refugiados ucranianos, todos ellos no gitanos. Cuentan que las condiciones son mejores.

Que haya un sistema segregado de atención a refugiados es una prueba más de la discriminación que sufren las personas romaníes que huyen de la guerra.  Se enfrentan al racismo en su país de origen y también lo hacen en los países de destino.

Cada vez que los gitanos cruzan una frontera, se enfrentan a dificultades a veces insalvables. Y es que una gran mayoría de los gitanos ucranianos carecen de documentación.

Se enfrentan a múltiples discriminaciones

Tras la disolución de la URSS, las leyes de nacionalidad de los nuevos y de las antiguas repúblicas soviéticas dejaron a grupos de población fuera, los convirtieron en apátridas. El racismo y la discriminación étnica llevaron a que los gitanos representan uno de los mayores grupos de apátridas en Ucrania, y uno de los más discriminados en toda Europa.

La falta de papeles les hace ahora mucho más difícil ponerse a salvo en otros países, recibir asistencia oficial, acogerse al sistema de ayudas para refugiados y recuperar parte de la normalidad perdida. Esa que ayudaría a que Olena dejase de escuchar bombas en su cabeza.

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